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Eran los que protagonizaban las portadas de sus respectivas épocas, aquellos jóvenes valores que venían pegando fuerte desde el Instituto y pretendían ahora hacer su carta de presentación para un futuro de oro en la NBA.  Era el mes de marzo en cada uno de los casos, repasando la historia del Campeonato Universitario y sus hitos podemos entender por qué el tercer mes del año es, por doquier, la locura del deporte en los Estados Unidos. La lista que arranca a continuación está formada por los que, a juicio de muchos, son los siete jugadores más importantes de la historia del baloncesto norteamericano en el siglo XX. Iniciamos el repaso en los fabulosos sesenta…

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BILL RUSSELL, EL HOMBRE DE LOS TRES O CUATRO BRAZOS

Bill Russell fue campeón de la NCAA en sus dos últimos años de Universidad, en los años 1955 y 1956. Logró liderar a los Dons en 55 victorias de manera consecutiva, incluida una muy especial, la que ganaron a La Salle en la gran final del 55 cuando anotó 23 puntos y capturó 25 rebotes. También es de grato recuerdo el triunfo por 83-71 contra Iowa en la final del año siguiente, alcanzando de manera increíble 26 puntos y 27 rebotes.

Fue nombrado el jugador más dominante de esa época y estableció un récord de 50 rebotes en las dos finales consecutivas que todavía nadie ha logrado superar. El gran punto negro en la carrera universitaria del ‘Señor de los anillos’ fue que todavía no se contabilizaran estadísticamente los tapones en aquella época porque su intimidación y condicionamiento del juego del rival obligó a la organización a ampliar la amplitud de la zona a casi el doble. Según testimonios de compañeros y rivales de la época, Bill Russell jugaba como si tuviera tres o cuatro brazos.

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EN 1959 LA FINAL NO SE JUGÓ CONTRA KANSAS, SE JUGÓ CONTRA WILT CHAMBERLAIN

Hicieron falta tres torneos y una triple prórroga para poder ver al bueno de Wilt Chamberlain en la Final Four de la NCAA. Aquel jugador ya de segundo año que apodaban ‘Goliath’ y ‘Big Dipper’ era la sensación del Torneo y para llevar a Kansas hasta la final completó tres partidos por encima de los treinta puntos, una vez allí les esperaba North Carolina. El técnico rival decía que no jugaban contra Kansas, que jugaban contra Chamberlain, llegaron a marcarle hasta tres defensores al mismo tiempo, le dejaron en ‘únicamente’ 23 puntos y 14 rebotes… pero sin levantar el trofeo. El premio individual al menos se lo llevó, fue nombrado jugador más dominador del campeonato, era fácil de localizar en la pista porque siempre estaba acompañado de al menos dos jugadores del equipo rival.

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JERRY WEST, CORAZÓN Y VELOCIDAD CONTRA LOS CENTÍMETROS

Aquel base bajito de West Virginia que parecía tan eléctrico se encargó de demostrar que el corazón y la velocidad pueden competir o superar a los centímetros. Jerry West, antes de convertirse en la silueta que protagoniza el logotipo de la NBA, fue capaz de liderar en su etapa universitaria a la Universidad de West Virginia tanto en anotación como en rebotes. Durante los primeros cinco encuentros del campeonato de 1959 hizo dobles-dobles con anotaciones alrededor de los treinta puntos. Pese a caer en un final de infarto en el partido por el título con la Universidad de California del 59 (71-70) fue nombrado mejor jugador.

Un año más tarde tomó las riendas del equipo de nuevo para llevarle a otra final que tampoco ganarían, pero promediando más de 25 puntos por encuentro. Fue suficiente para que los Lakers se fijaran en él y diera continuidad así a su objetivo, ganar a los grandes con sus eléctricos movimientos.

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LEW ALCINDOR CAMBIÓ EL JUEGO ANTES QUE SU NOMBRE

A muchos el nombre de Lew Alcindor no les dirá nada, pero si les decimos que años después en su pasaporte aparecía Kareem Abdul-Jabbar puede que empiecen a tomar conciencia de quién estamos hablando. Uno de los más grandes de la historia del baloncesto y máximo anotador histórico de la NBA, de nombre completo y original Ferdinand Lewis Alcindor Jr. También el jugador más glorioso en la parcela universitaria, nunca nadie logró superar sus registros y ahí seguirán por décadas.

Fue tal su poder, dominio y fama que muchos decían que las iniciales de la liga NCAA correspondían a la frase en inglés ‘No Chance Against Alcindor’ (‘ninguna oportunidad contra Alcindor’), y así se escuchó durante el tiempo en el que dominó la liga universitaria, no por original dejaba de ser cierta esta afirmación. Ganó tres campeonatos de manera consecutiva y fue el único jugador en ganar tres años consecutivos el galardón de deportista más apreciado o mejor jugador. Nunca perdió ningún partido en la NCAA, ganó los doce que disputó en su reinado entre 1966 y 1969, siempre por una media de 21.5 puntos de diferencia.

Su promedio de anotación en las tres finales que disputó fue de 30.3 puntos por encuentro y no pudo completar el poker de títulos por las normas que le impedían seguir compitiendo con los Bruins. El reconocimiento le llegó desde las palabras del mismísimo entrenador John Wooden: ‘es el mejor jugador universitario de todos los tiempos, nadie dominó durante tres años consecutivos como él hizo para ganar el campeonato en cada edición’.

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LA MAGIA DE EARVIN HIZO DESAPARECER EL TÍTULO QUE MERECÍA LARRY BIRD

Era el partido más visto hasta el momento en la historia del baloncesto universitario y Larry Bird era consciente de la oportunidad que se le ponía ante él. No decepcionó y anotó 35 puntos con un 16/19 en tiros de campo más 16 rebotes y nueve asistencias, a las puertas del triple-doble. Fueron cayendo las victorias y las grandes actuaciones del ‘pájaro’ hasta una racha de 33-0.

El partido por el título tenía una dificultad añadida, un jugador llamado Earvin y apodado ‘Magic’, aquel día comprendieron por qué. Nació en aquel partido de 1979 la rivalidad Johnson-Bird que después tendría infinitos capítulos en la NBA.

Para comprender la relevancia de lo conseguido por Larry Bird, aquella era la única aparición de la humilde Universidad de Indiana State en el torneo de la NCAA, que no regresaría a cotas similares hasta el año 2000. Nadie jamás logró llevar un equipo tan poco preparado hasta una cota tan alta como lo consiguió Larry Bird.

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EARVIN CASTIGABA CADA PÉRDIDA CON UN CONTRAATAQUE

El contraste entre el Torneo de 1978 y 1979 fue impactante, de un balance de 10-17 a otro de 25-5. La diferencia en los Spartans no era únicamente numérica, había algo más, un joven del que nadie sabía su nombre hacía magia sobre el parqué, por eso le apodaron ‘Magic’, el apellido si resultaba sencillo de recordar por lo común: Johnson.

Un triple-doble de aquél chico maravilla permitía a Michigan State soñar con un primer título universitario, los Spartans estaban donde siempre lo habían deseado. Ante ellos se cruzaba una universidad de Indiana State liderada por un tal Larry Bird que optaba también a ser el jugador más apreciado, una vez acabada la Final se lo llevó el que más aportó a los suyos para levantar el trofeo, ‘Magic’ Johnson había comenzado a construir su leyenda y con ella la rivalidad interminable con Larry Bird.

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LA POTENCIA CON CONTROL… SIRVE PARA MUCHO

Alguno se enfadará, pero Michael Jordan es el mejor jugador de la historia del baloncesto, algo que se veía venir en su etapa de universitario pero no de la manera tan evidente como con cracks anteriores, me refiero a Larry Bird o a ‘Magic’ Johnson. el 23 de North Carolina se empezó a especializar en ganar finales apretados, no temblar cuando la bola decisiva pasara por sus manos. Lo demostró en el partido de la final con un tiro ganador a falta de quince segundos y que daba a los Tar Heels la victoria sobre Georgetown en la gran final de 1982.

Pero aquel chico que volaba con la pelota en las manos no estaba solo, era el tercer espadachín de un grupo formado también por Sam Perkins y James Worthy, su primera visita a Las Finales Universitarias fue más dulce que la segunda y mucho tuvo que ver Georgetown. Pese a todo Michael Jordan acababa el duelo con 26 puntos. Si hay algo que sus entrenadores destacaron durante su etapa previa al profesionalismo fue la capacidad de entrega y trabajo.