Cuando encaró el aro y empezó a botar tenía por delante a tres jugadores de Olympiacos. Otro se habría replanteado ir hasta la canasta pero Anthony Randolph no sólo siguió, sino que lo hizo con toda la fuerza y potencia del mundo. Sólo así se consigue un mate descomunal como el que se vió en el Palacio de los Deportes. El norteamericano ya hace de las suyas con la camiseta blanca.