El baloncesto de Beqa Burjanadze con el Leyma Básquet Coruña de LEB Oro no está dejando indiferente a nadie. El georgiano es tercero de toda la competición en puntos (17,7) y valoración (19,2), y sexto en rebotes (7,2). Además, ha sido MVP de la jornada cuatro veces. Su éxito lo achaca al “trabajo duro del año pasado, del verano y años anteriores en Sevilla con Javier Carrasco, Joan Plaza, Diego Ocampo y Aíto, además de las etapas de formación”. El trabajo empieza a dar frutos.

Burjanadze puede jugar de 3 o de 4, lo que le convierte en una amenaza tanto en el perímetro como en la zona. Sin embargo, no siempre fue el mejor de su equipo. “El mismo día que empecé el colegio, con seis años, mi madre me apuntó al equipo. Era malísimo. Tanto que después de dos semanas mi madre pensó en borrarme”, dice entre risas.

Poco a poco fue enamorándose del deporte de la canasta: “Empecé a dormir con el balón, a ver vídeos de partidos, a partir de ahí mejoré”. Aunque no todo fue un camino de rosas para el jugador georgiano. Una lesión pudo frenar en seco su carrera deportiva. “No corría bien, era un chico gordito y se me rompió el hueso del talón”, comenta en tono serio. Le dijeron que no podría volver a andar y mucho menos jugar a baloncesto, pero su madre hizo todo lo que estuvo en su mano para encontrar un remedio para su maltrecho pie.

Mi madre tuvo que vender el piso para que me operaran en Alemania porque en Georgia no hacían ese tipo de intervenciones. Pero no salió bien; seguía cojeando y no podía andar”, explica. La cura llegó del modo más inesperado. Fueron a ver a un curandero que “me puso una crema que olía fatal, pero estoy enamorado de ese olor porque en cinco días pude apoyar el pie”, cuenta cambiando el semblante. Un mes después ya estaba de vuelta a las pistas.

Tras jugar con la selección sub-16 en 2009 en Portugal, Beqa recibió una oferta de Sevilla, entonces llamado Cajasol. Con 16 años recién cumplidos hizo las maletas y se mudó a la ciudad hispalense, donde coincidió con Kristaps Porzingis. “Yo llegué primero y Kristaps llegó un año después. Estábamos juntos en la residencia, en el colegio y en los entrenamientos. Aunque el primer año no fuimos compañeros de equipo porque él era cadete y yo júnior”, declara a EJDN.

Burjanadze sonríe al preguntarle por aquellos años junto al letón, con el que asegura que compartió muchas buenas experiencias. En especial recuerda el Torneo de L’Hospitalet, del que afirma es “uno de los mejores torneos para jóvenes en Europa”.

Entre risas nos cuenta algunas de las ‘chiquilladas’ que Porzingis y él hacían cuando estaban en Sevilla. “Kristaps y yo hablamos con acento andaluz. Se nos da muy bien. Cuando íbamos a alguna fiesta hablábamos con las chicas con acento y les decíamos que éramos de Carmona [ciudad cercana a Sevilla], pero no nos creían. Claro, un letón de 2.16 y rubio, y yo, que tampoco parecía muy español…

También recuerda aquellos años de entrenamientos con el letón. “Teníamos piques en los entrenamientos, nos pegábamos mucho. Él me hacía mejor jugador y yo a él. No nos dábamos golpes como tal, era jugar duro simplemente”, relata. Nos confiesa que en los entrenamientos iba a por él porque “le vi al principio un chico alto y delgadito”, pero en seguida descubrió que “era muy duro física y mentalmente”.

 


Kristaps tiene muchas ventajas en cuanto al físico. Además de ser alto tiene mucha envergadura. También es listo en pista, es bueno con el balón. En unos años será un jugador más importante de lo que ya es como rookie”, augura. Nos cuenta que le alegra comprobar que el de los Knicks sigue con los pies en el suelo. “Cuando ganó el rookie del mes (tres veces) le felicité por whatsapp y sigue siendo el mismo chaval. Cuando hablamos sigue siendo igual de payaso”.

Beqa también aspira a jugar algún día con Porzingis o su primo, Zaza Pachulia, en la NBA. “Desde pequeño es mi sueño, como el de muchos jugadores de baloncesto, imagino”, cuenta a EJDN. De momento, los equipos ACB no le pierden la pista y aunque afirma estar muy a gusto en A Coruña, “los deportistas siempre aspiran a lo más alto, a querer estar lo más arriba posible. Quiero estar en la ACB y demostrar que puedo jugar ahí”. Aunque nos dice que prefiere centrarse en el presente. Primero en su temporada con el Leyma y en verano con su selección en el preeuropeo.