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En los últimos años muchos hemos tratado de imaginar qué efecto tendría a largo plazo la irrupción de Canadá en el escenario del baloncesto de selecciones. Sus nuevas generaciones de talentos han inundado los últimos drafts y empiezan a hacer lo mismo con la NBA. Con ese potencial y suministro continuo de jugadores no es descabellado pensar que pueden llegar a ser una potencia mundial en algún momento.

El problema, el gran problema, es que carecen de una cultura de selección.

El verano pasado Steve Nash, director deportivo de la federación canadiense, logró reunir el mejor equipo posible para competir en el Torneo de las Américas disputado en México y clasificatorio para los Juegos Olímpicos. Jay Triano dirigió un combinado con ocho jugadores NBA que superaba ampliamente en talento y físico a su competencia pero carecía de cohesión y experiencia en este tipo de situaciones.

Canadá perdió el primer partido contra una sólida y prágmática Argentina pero supo rehacerse y ganó los siguientes siete por una diferencia media de 26,3 puntos. No obstante, en la semifinal pagaron la excesiva candidez de sus jóvenes y la falta de recursos tácticos y cayeron por un solo tanto ante Venezuela –a la que habían ganado por veinte en la primera fase–, diciendo adiós al billete olímpico. Un fracaso estrepitoso.

Su tercer puesto, al menos, les concedía una segunda oportunidad: el Preolímpico.

El sorteo realizado el pasado mes de enero situó a Canadá en el torneo de Manila (5-10 de julio) junto a Francia, Turquía, Senegal, Nueva Zelanda y Filipinas. Probablemente el más difícil de los tres por la entidad de los rivales y la lejanía de la serie.

Sobre el papel, canadienses y franceses se postulaban como claros favoritos, pero después de verla lista de los primeros, hay que replanteárselo.

Cory Joseph, base suplente de los Toronto Raptors, lidera una nada espectacular preselección con Tyler Ennis (Milwaukee Bucks), Joel Anthony (Detroit Pistons), Sim Bhullar (juega en el vinculado de los Raptors en la liga de desarrollo) y Levon Kendall como caras más reconocibles. Ni rastro de Andrew Wiggins, Kelly Olynyk, Tristan Thompson, Nik Stauskas, Anthony Bennett, Robert Sacre, Trey Lyles, Dwight Powell o Andrew Nicholson (todos jugadores NBA). Tampoco ha sido incluido el más que probable Top 5 del próximo draft Jamal Murray.

Steve Nash ha asegurado que la disponibilidad de los jugadores puede cambiar a lo largo del verano, pero para ello es necesario que Canadá gane la plaza olímpica. Y con un equipo así se antoja muy difícil.

Canadá se arriesga a ser el gran ‘y si’ del baloncesto mundial. Ha habido otros, como ese gran combinado que en teoría Montenegro podría reunir pero nunca lo hace. Si Canadá deja pasar esta ocasión la siguiente no le llegará hasta 2019: el Mundial de China. Tal vez sea entonces… O tal vez nunca.