Como la sirena de una ambulancia. Igual de discreta es la presencia de Carlos Arroyo en el F.C. Barcelona Lassa. Y no hablamos solo porque la oportunidad le llegue en el ocaso de su carrera (36 años), sino por el brutal choque de estilos y personalidad entre el base boricua y su entrenador Xavi Pascual.

La carrera de Carlos Arroyo ha sido larga y fructífera. Escogió ir a la NCAA en lugar de dar el salto al profesionalismo en su país. La formación superior de Estados Unidos (en Florida, a apenas un par de horas en avión de su país) y la abundante comunidad latina del Estado, siempre le hicieron sentirse adaptado.

Compartió equipo con Raül López en Utah Jazz, donde ya tuvo que lidiar también con un entrenador del tipo obsesivo-compulsivo: Jerry Sloan. Un genio que superó el paso del tiempo en Salt Lake City –más de dos décadas– y se mimetizó con la ciudad mormona hasta ser parte de su ADN. Pascual no es Sloan. Ni por asomo. Pero comparte con él ese deje de control absolutista del vestuario, dentro y fuera de la pista. Y en esas se ha metido el base boricua a sus 36 años.

Como ver a uno de esos revolucionarios, con la indumentaria arquetípica de aquellos disidentes años de final de siglo XX. Pese a que le hagan vestir traje y corbata, ponerle un lazo y tratar de que acepte las normas impuestas en la ópera pascualista, Arroyo tendrá la misión de no atentar contra el régimen interno de comportamiento (en la pista, entiéndase) sin dejar de ser él mismo. Sin abandonar su estilo imprevisible y anárquico. Su batuta debe seguir bailando al son del rock más alocado de Guns N’ Roses sin desafinar con la sinfónica blaugrana.

Rara avis

La apuesta de este verano por un perfil muy concreto de jugadores convierte a Carlos Arroyo en una auténtica sorpresa. Xavi Pascual y ‘Chichi’ Creus han vuelto a apostar por el físico antes que por el talento. Shane Lawal, Samardo Samuels y Moussa Diagne en la pintura, intentando recuperar a los añorados Dorsey o, más antiguamente, Ndong. Pascual adora los pívots de su perfil para hacer de complemento a Tomic y meter músculo y defensa al partido.

Carlos Arroyo posa con su nueva camiseta | F.C. Barcelona Foto

Carlos Arroyo posa con su nueva camiseta | F.C. Barcelona Foto

Stratos Perperoglou también es una apuesta por la veteranía y la sobriedad. Ni por asomo llega al físico de DeShaun Thomas –un frustrado nuevo Pete Mickeal–, pero casa más con los esquemas de Pascual. Pau Ribas actúa de complemento para todo y quizá el fichaje, aparte de Arroyo, que ha priorizado más talento que físico haya sido el de Aleksandar Vezenkov. Eso convierte a Carlos Arroyo en la rara avis no solo por edad (36 años, cuando la media de los otros seis fichajes es de 25.5 años), sino por características como jugador.

Más aún teniendo en cuenta cómo funcionaron los últimos grandes talentos que dieron con sus huesos en el Barça a las órdenes de Pascual. El último ejemplo, Mario Hezonja, que salió huyendo despavorido viéndose maniatado por un entrenador que no le dejó florecer. Su personalidad irreductible y talento desbocado no casaban lo más mínimo en un sistema de corte casi marcial. Mismo ejemplo que Ricky Rubio, aunque con diferente bagaje. Con él ganaron la última Euroliga (2010), pero cuando Pascual trató de encorsetarle y ponerle moldes, Ricky perdió su luz propia. Esa que siempre le había caracterizado. Tuvo que emigrar a la NBA para reencontrarse consigo mismo y alcanzar la ansiada libertad.

Lo mismo sucedió con otro base, el último del Barça. Marcelinho terminó desquiciado por los sistemas infinitos de Pascual y sus normas palaciegas. Más aún cuando demostró sin complejos que cuanta más cuerda soltaba Pascual, más brillaba. Su dirección y golpes de genialidad salvaron la temporada del Barça en 2014 ganando al Valencia en el quinto partido –jugando los 40 minutos– y llevándose las Finales contra un Madrid hundido, canasta ganadora incluida.

El rendimiento de todos los jugadores de talento desmedido ha sido incalculablemente superior cuando han gozado de confianza y libertad. Solo Navarro, por galones, disfruta de semejante privilegio. Pero Juanqui ya no está para liderar al Barcelona, sino para aparecer en situaciones puntuales, por lo que delegar solo en él la responsabilidad de fiarlo todo al talento es como ceder solo un 5% de la cuerda. O menos.

Arroyo toma el testigo de todos aquellos talentos que escapaban a las dimensiones de sus cuerpos. Rompe el paradigma dominante de fichajes de esta temporada y aporta un rol único en el equipo. Es casi la única apuesta en exclusiva por el talento individual puro.

Aire fresco y ritmo latino

Introducir un “intruso” en una corte victoriana no es tan peligroso como pueda parecer. El anarquismo de Arroyo sobre la pista siempre ha sido un arma letal en todos los equipos donde ha estado. Y lo ha sido por la inestimable inteligencia del base. Sin abusar de él, Arroyo es capaz de meter una marcha más fiando su juego a la improvisación que marca su talento, como hace el Chacho, pero también de dirigir con más cabeza que la mayoría de grandes bases de Europa.

Carlos Arroyo

Carlos Arroyo solo volvería a Europa si recibía la oferta de un gran club | F.C. Barcelona Foto

Es uno de esos bases que escapa a los moldes, pero siempre mantiene su propio encuadre ordenado. Ya ha demostrado en pretemporada que está en plena forma física y el tipo de jugadas que es capaz de crear. Ese entretenimiento que, en última instancia, representa el baloncesto como deporte. Ese capaz de hacer una entrada por verle jugar. Ese que, por otra parte, parecía olvidado, condenado al destierro en el reino pascualista. Nada de alardes. Sobriedad absoluta. Conmutarle la pena de proscrito al entretenimiento debe ser una de las leyes revisables que lleguen a manos del rey. No vale con ganar. Fin del resultadismo. Hay que vender, atraer.

Y, aunque haya hecho una magnífica pretemporada, está por ver cómo responderá Carlos Arroyo cuando a Xavi Pascual le entren de nuevo sus aires absolutistas. Porque llegarán. También está por ver cómo se adaptará el propio Xavi Pascual al estilo de Arroyo, porque no es lo mismo una pretemporada que jugar en liga oficialmente. Su talento no entiende de límites y, para sentirse cómodo, Arroyo necesita saberse líder, importante y libre.

El boricua escapa al maniqueísmo de Pascual. Pero es que, además, lleva aparejado en su personalidad el don natural del liderazgo. Ha reiterado en su presentación que respeta a Navarro como alma mater, como el jefe del vestuario. Pero también que él llega para secundarle en esa misión. Arroyo no entiende de ser uno más. Y vale para hacerlo. De ahí que sea tan importante para optimizar su rendimiento hacerle sentir como tal. Su anarquía se enfrentará por turnos a los dos grandes obstáculos habituales de Pascual: el reparto de galones y su enfermiza obsesión de controlar hasta el mínimo detalle. Bonita batalla se plantea este año en el seno blaugrana. Pero, si son capaces de entenderse, están condenados al éxito.