Cada día cobra más fuerza la web ‘The players Tribune’, periodismo hecho por deportistas de élite que cuentan de primera mano sus experiencias, vivencias y retos por llegar. Un proyecto tras el que está parcialmente Kobe Bryant y que da la oportunidad ahora a Serge Ibaka para que cuente su experiencia como jugador de baloncesto. Desde sus apasionantes inicios en el Congo, pasando por su experiencia en España y sus años en los Thunder junto a Kevin Durant y Russell Westbrook. No tiene desperdicio, esta es la traducción de su redacción…

MY JOURNEY by Serge Ibaka

Creo que Dios me puso en este mundo para jugar al baloncesto. ¿Cómo lo se? Cuando era un adolescente, mi vida cambió para siempre por una competición que jugué en Congo con la selección junior en Sudáfrica. Lo que pasó a continuación fue como un milagro.

Nos habíamos clasificado para el torneo pero yo estaba impresionado por conocer de qué manera nos desplazaríamos hasta allí. ¿Pagaríamos por ello? La idea parecía surrealista.

Cuando mi padre jugaba baloncesto a mi edad nunca tuvo la oportunidad de jugar en una competición así. Él estuvo en el equipo nacional pero nuestra federación no solía pagar por los viajes del equipo junior. Por la gracia de Dios, la federación congoleña de baloncesto accedió a permitirnos ir. Yo estaba en el primer equipo sub15 de Congo que viajaba a usar una competición continental.

Ciertamente fue una oportunidad única. Nuestro vuelo a Sudáfrica era la primera vez que montaba en un avión. No sabía qué me iba a encontrar. En el campeonato, jugamos contra países que tenían muchos más recursos en sus programas de desarrollo de baloncesto. Les plantamos cara a equipos mejores que el nuestro, como Angola y Nigeria, que enviaban equipos por Europa a jugar torneos habitualmente.

En aquel torneo, honestamente, jugué a un nivel que no pensé que fuera capaz de desarrollar. Fue como una experiencia de otra dimensión. Me marqué un giro completo en el aire para anotar y volví a mi canasta a defender sorprendido. ¿Cómo era posible que yo hubiera podido hacer algo así? En nuestro primer partido contra Sudáfrica sumé 19 rebotes, 12 tapones y anoté 27 puntos. Ya que iba a competir en la mejor competición del continente, estaba jugando el mejor baloncesto de mi vida.

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Acabé siendo el MVP del campeonato, como máximo anotador, rebotado y tapones. Antes de aquello, nadie sabía quién era. ¿Cómo lo iban a saber? Aquellos escasos partidos cambiaron el curso de mi vida. Mirando atrás, parecía que el evento se había organizado para mi. Como si Dios hubiera abierto una puerta y me hubiera dicho: ¡adelante!

Jugué tan duro y estuve tan concentrado que nunca había imaginado que fuera a haber ojeadores profesionales en Sudáfrica. Mi actuación de aquel fin de semana llegó como una gran alegría.

Pero sí que había ojeadores. Pronto estaba haciendo las maletas y dejando Congo para ir a España para perseguir una carrera profesional en el baloncesto.

Cuando llegué a España tenía 17 años y me concentré en dos cosas: aprender español y trabajar cada día. Lo primero que hice fue vivir con otro jugador africano que también hablaba francés. Esto hizo que las cosas fueran más sencillas para mí, pero no aprendía español. Justo lo que quería aprender. No quería perder el tiempo, no me gusta desperdiciar el tiempo en mi vida. Cada minuto, cada rato desde que me levanto, tengo que estar haciendo algo para ser mejor. Así que le pedí al club, el Club Basquet L’Hospitalet, que me ayudara a aprender español.

Me encargaba mucho de ello al principio. En el Congo no jugaba de manera profesional ni nada parecido a ese nivel. Ni en el torneo que jugué en Sudáfrica, nosotros sólo nos habíamos preparado para ello durante una semana. Simplemente llegamos juntos, entrenamos y jugamos algunos partidos, eso fue todo. Nunca empleamos tiempo en entrenar o tirar a canasta.

España fue completamente diferente. Todo era baloncesto. Tuve un entrenador muy bueno y trabajé en mis fundamentos y mi tiro. En las mañanas y en las tardes teníamos entrenamientos.

En España los clubes tienen un primer equipo y otro de desarrollo, como un equipo A y un equipo B. Yo empecé jugando con el segundo, pero acabé jugando en el primero. Esa era mi concentración. No pensaba en la NBA. No sabía ni cómo funcionaba el Draft. Había leído sobre jugadores de la NBA en revistas cuando era niño en Congo pero nunca había visto un partido de esa liga porque no teníamos acceso a la televisión por satélite. No fue hasta que llegué a España cuando vi mi primer partido de NBA. Veía ese programa llamado ‘NBA Action’ que llegaba cada semana y mostraba lo más destacado de diferentes partidos. No mucho después comencé a descubrir muchos grandes jugadores y empecé a ver vídeos de la NBA por YouTube a todas horas.

Quería ser como ellos. Quería jugar en la NBA. Después de unos meses en España, mi agente empezó a pensar más allá y habló conmigo sobre la posibilidad de entrenar en los Estados Unidos. Todavía estaba en el segundo equipo pero había estado jugando bien y varios evaluados de talento me habían etiquetado como un buen jugador de futuro. Algunos ojeadores de la NBA comenzaron a venir también a ver mis entrenamientos. Fui a un evento de baloncesto llamado Reebok Eurocamp y gané el galardón como MVP. Después de eso, mi agente dijo que aquello era una gran oportunidad para ser drafteado.

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Él estaba en lo cierto. Los Seattle Supersonics me draftearon en primera ronda del año 2008. Ellos me querían jugando un año más en España en la liga ACB y así lo hice. Después de aquel año, los Supersonics se movieron a Oklahoma. Yo no sabía nada sobre Oklahoma.

Pero como se pudo comprobar después, que se movieran allí fue un regalo. Si no hubiera vivido en Oklahoma en mi primer año hubiera estado perdido. La ciudad era el mejor lugar donde podía estar. Me abrazó con los brazos abiertos. Muy pronto me di cuenta de que era una comunidad de buena gente que cuidaría de mi.

La institución, la gente que cuida de ti, no en relación al baloncesto como Ayanna Clinton, quien organizó las apariciones y servicios de los jugadores y acabé llamando ‘mi hermana’. Me sentí como en casa y me ayudó a aprender inglés. Scotty Brooks fue el entrenador y fue muy paciente conmigo por cómo trataba de adaptarme a un nuevo idioma y un nuevo país.

Los aficionados fueron increíbles. Eran apasionados e incondicionalmente leales. Amaba jugar para ellos. Cada vez que volvíamos de un partido lejos de casa a las dos de la madrugada ahí estaban los aficionados en el aeropuerto. Me di cuenta de lo afortunado que éramos como equipo.

Nuestro éxito nos dio oportunidades increíbles. Recuerdo el primer partido de Las Finales de 2012, cuando caminamos por la pista y todo el mundo estaba gritando en el pabellón. Era tan ruidoso que hoy en día todavía me asusta. Nunca había oído nada como eso en un partido de baloncesto. Pero al mismo tiempo que me sentía nervioso también me sentía motivado.

No podía haber elegido mejores jugadores para aprender de ellos, especialmente Kevin Durant y Russell Westbrook. Es maravilloso jugar con jugadores que tienen talento y que anotan y siguen amando el juego muchísimo.

Durante mi segundo año en la liga, estuve todavía viviendo en los alrededores de la ciudad hasta que Kevin Durant me dijo que había una vacante en el lugar donde él estaba viviendo en el downtown de Oklahoma City. Visité el lugar y acabé moviéndome allí, llegamos a ser vecinos.

Mi primer año, viví solo, sin nadie alrededor. Pero la segunda temporada quedaba con Kevin a todas horas. Descansábamos, comíamos y jugábamos a los videojuegos. Kevin tenía muchos amigos, y me ayudó a sentirme un poco más a gusto en un lugar que era completamente ajeno a mi. A veces simplemente me pasaba por su casa con un alto para cenar juntos. Siempre era bienvenido. Mientras estuve en los Thunder, Kevin era como un familiar para mi. Estoy muy agradecido por todo lo que hizo por mí mientras yo todavía estaba adivinando cómo funcionaba todo.

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Una historia que me gusta contar sobre mi etapa en Oklahoma City es sobre la primera vez que llegué. Quería impresionar a los entrenadores llegando el primero al entrenamiento. Recuerdo al entrenador Brooks nos dijo que el entrenamiento empezaba a las once de la mañana, así que aparecí por el pabellón a las diez, confiando en que sería la primera persona en llegar. Pero Kevin Durant ya estaba allí, tirando a canasta. Estaba ya allí sudando.

Así que la siguiente sesión, me propuse llegar todavía antes, quizás sobre las nueve y media. Seguro que así sería el primero. Tampoco. La tercera mañana, pensé en ir a las nueve, dos horas antes del inicio. ¿Se imaginan lo que pasó? Kevin Durant ya estaba allí a esa hora, trabajando. Parecía que él llegaba para encender las luces.

Mi vida ha estado repleta de muchas experiencias y lecciones y quiero llevármelas todas en mi cambio de Oklahoma a Orlando. He aprendido un montón de cad lugar donde he vivido. Me siento bendecido por ello.

Doy gracias a Dios por esta oportunidad. Estoy muy motivado, es un reto duro. No será sencillo. Voy a trabajar duro, como Kevin Durant y Russell Westbrook me enseñaron a hacer. No veo el momento de empezar a jugar delante de los aficionados de Orlando. ¡Qué afortunado soy de ir a una ciudad que ama tanto al baloncesto! Con DisneyWorld cerca, estoy seguro de que mi hija, Ranie, de diez años, lo va a adorar también.

No podría estar más contento de jugar con los jóvenes de Orlando. Hay mucho talento en el equipo. Vamos a disfrutar en el pabellón este año. Estoy ansioso por empezar a trabajar con ellos. Soy un jugador diferente al que llegó a la liga. Entiendo que es el momento de adquirir un nuevo rol. Seré uno de los veteranos.

En Orlando voy a ser el tipo que encienda las luces.