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El lenguaje del periodismo deportivo está habitualmente plagado de términos bélicos, pero pocas veces su uso está tan justificado como en el asunto que nos ocupa. FIBA, Euroliga, ligas y federaciones nacionales libran una guerra abierta por el control del baloncesto de clubes después de años de, si no respeto mutuo, sí una aceptable calma. ¿Por qué? Intentaré arrojar luz sobre un problema con muchas lecturas y puntos de vista.

Cartas nocturnas

El pasado 10 de noviembre la Euroliga anunciaba un acuerdo rompedor con la multinacional IMG y un grupo de equipos para reformar de arriba abajo su competición bandera dando un salto hacia el futuro. La nueva Euroliga reducirá su nómina de participantes de veinticuatro a dieciséis, estando once plazas ya asignadas a los clubs más poderosos/influyentes/exitosos del continente (Real Madrid, Barcelona, Baskonia, CSKA, Olympiacos, Panathinaikos, Fenerbahçe, Efes, Maccabi, Armani Milán y Zalgiris). Formato de juego, acceso a la misma, ingresos y premios también experimentarán una profunda modificación.

El anuncio cogió por sorpresa a algunos, aunque en realidad venía gestándose desde el verano, cuando FIBA Europa se reunió con varios de esos mismos equipos para ofrecerles la Basketball Champions League; una idea de competición muy parecida.

Pese a no contar con el compromiso de los mejores equipos, FIBA decidió seguir adelante con su Champions League intentando conseguir cuantos más aliados mejor.

Desde entonces, cinco meses de declaraciones cruzadas, negociaciones entre bambalinas y varios acuerdos bilaterales. Uno de los más significativos, el que cerraron Euroliga y ACB el pasado 4 de abril. A partir de la temporada 2017/18 el mejor clasificado de nuestra liga que no sea Real Madrid, Barcelona y Baskonia conseguirá una plaza directa en la Euroliga del año siguiente, mientras otros tres participarán en la Eurocup.

El acuerdo es muy beneficioso para la ACB, que en los últimos años ha visto cómo su competición perdía alicientes por no poder ofrecer a sus equipos vías de crecimiento ya que no tenía potestad alguna sobre quién iba o dejaba de ir a esos torneos internacionales. Algo bueno parecía salir de todo este conflicto cuando dos organismos tradicionalmente distanciados como Euroliga y ACB llegaban a un entendimiento.

Pero FIBA se guardaba un as en la manga.

En la noche del viernes 15 de abril, FIBA Europa hacía llegar a varias federaciones nacionalescartas en las que amenazaban con excluir a sus selecciones de los próximos campeonatos si sus ligas no suspendían sus acuerdos particulares con la Euroliga. Las sanciones afectarían en principio al Eurobasket 2017, pudiendo ampliarse a campeonatos globales (Copa del Mundo y Juegos Olímpicos).

FIBA Europa justifica esas sanciones –mejor dicho, amenazas de sanciones– de esta manera:“Euroleague Commercial Assets, la empresa que organiza Euroliga y Eurocup, no permite a todos los clubes la participación en sus órganos rectores, sus normas no son transparentes y no garantiza el acceso a sus ligas de una manera razonable, justa y no discriminatoria. Apoyar o participar de esas prácticas anticompetitivas va en contra de los principios de FIBA, FIBA Europa y las federaciones nacionales”.

Las reacciones en España

Una de las Federaciones amenazadas por esas cartas es la española, la FEB, inmersa, por su parte, en otro jaleo de distinta índole: una investigación por supuestas prácticas corruptas de su todavía presidente José Luis Sáez. FIBA Europa ha amenazado directamente con expulsar a la selección española del próximo Eurobasket 2017, sanción que se podría ampliar a los Juegos Olímpicos de este mismo verano en Río de Janeiro porque FIBA Mundo apoya y defiende la decisión de su filial en Europa.

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La FEB sería así pagana de unas decisiones que no le corresponden, pues en España la máxima liga de baloncesto tiene un funcionamiento autónomo. Los acuerdos de la Euroliga con clubes particulares y ACB se han producido sin su aprobación.

A la FEB no le quedó otra que seguir el proceso sugerido y, con el apoyo del CSD, ha presionado por carta a la ACB para que dé marcha atrás. Habla de un “interés mayor”, el bien de la selección española, y amenaza con emprender acciones legales. La FEB como correa de transmisión de la presión. No en vano el investigado José Luis Sáez forma parte de los comités ejecutivos de FIBA y FIBA Europa.

La ACB responde inmediatamente con artillería pesada. Aclara que sus clubs tienen libertad total para participar en la Champions League si lo desean, le recuerda a la FEB todos sus años de lucha en solitario contra el sistema de una Euroliga que firma acuerdos privados directamente con los equipos, destaca lo beneficioso que será el nuevo escenario para el basket español y finaliza con una frase lapidaria: “Es moralmente reprobable que se nos acuse de ser responsables de una decisión de FIBA que rechazamos absolutamente”.

Hasta aquí el relato breve de los hechos. Ahora, la interpretación.

Un auténtico juego de tronos

A principios de noviembre –antes de que Euroliga anunciara su acuerdo– un blog de la web oficial de FIBA (fiba.com) publicaba un artículo titulado ‘No demonicemos la Champions League todavía’. En él, el autor, miembro de su staff de comunicación, defendía las virtudes del nuevo formato de competición, como el nivel de excelencia y exclusividad que se lograría al tener solo a unos pocos equipos de Europa en competición: “Más no siempre es mejor”. Por supuesto, el hecho de que se garantizara por decreto la presencia de ocho equipos no le parecía ni injusto ni discriminatorio.

El formato original de la Champions League era muy parecido al que la Euroliga ha acordado con sus socios. Ofrecía ocho plazas fijas con nombres y apellidos (dos eran para Real Madrid y Barcelona), cuatro para campeones de determinadas ligas (Alemania, Francia, Italia y Lituania) y otras cuatro quedaban en el aire para ser otorgadas en una ronda clasificatoria masiva con el resto de campeones nacionales. Con esta última condición cumplían el expediente de asegurar el acceso mediante el rendimiento deportivo. Pura cosmética.

El baloncesto español gana sin duda con el cambio. En la Champions League solo iban a participar dos equipos (Madrid y Barça) cuando en la Euroliga lo terminarán haciendo cuatro a partir de la 2017/18. Además, aunque madridistas y culés sigan acaparando el título de liga ACB –se han repartido las últimas cinco–, la lucha de los que vayan a continuación adquirirá verdadero sentido. Importará quedar cuanto más arriba mejor, ya que jugar esa Euroliga de dieciséis será una gran recompensa.

La ACB tiene toda la razón al preguntar dónde estaba la Federación cuando batalló en solitario para que a la Euroliga no se accediera mediante negociación, sino por méritos deportivos.

La Federación bastante hace con mantenerse a flote, inspeccionada como está –algún día se conocerán los datos de la auditoría encargada por el CSD en diciembre, paciencia– y en pleno proceso electoral para elegir presidente. Pero debe obediencia a su superior, FIBA Europa, y si puede aprovechar la coyuntura para debilitar a la ACB, pues bienvenido sea.

Y FIBA Europa… FIBA Europa sencillamente quiere lo suyo. Para empezar, el control sobre la segunda competición continental. En las misivas enviadas a las federaciones nacionales se refieren específicamente a los acuerdos cerrados por ciertas ligas (la ACB, la VTB y la Liga Adriática) para que sus clubs participen en la Eurocup; la Euroliga parece que ya les da igual. Y que esta vaya a reducirse a solo dieciséis participantes quiere decir que muchos buenos equipos van a quedar fuera. Los mejores siempre estarán allí, pero con los del nivel inmediatamente inferior se puede configurar una competición de mucha calidad. No hay duda. Por eso la Eurocup es el enemigo a destruir.

Una de las federaciones amenazadas, la eslovena, ha hecho pública su primera carta de respuesta (de tres páginas de extensión) a FIBA Europa. Aparte de exponer lo injusto de la situación y explicar que no está en su mano decidir si los equipos eslovenos disputan la Eurocup o la Champions League, dirige varias preguntas al máximo organismo continental que dan en el clavo: “¿Considera FIBA Europa una infracción de su marco regulatorio que los equipos disputen todas las competiciones organizadas por la Euroliga o solo cuando lo hacen en la Eurocup? ¿Incluye el marco regulatorio de FIBA Europa algún criterio legal que diferencie a los equipos que participan en la Euroliga de los que lo hacen en la Eurocup?” .

El presidente de la federación eslovena, Matej Erjavec, explicó ayer a los medios de su país que su ‘franqueza’ al responder a FIBA Europa de ese modo ha provocado una amenaza de expulsión del próximo Eurobasket todavía más directa. Por eso su segunda carta de respuesta a FIBA tiene una extensión mucho menor y en ella refrendan punto por punto lo que se les pedía. A mandar.

FIBA comunicó durante el fin de semana que se abre ahora el periodo en el que su filial europea estudiará caso por caso y se reunirá con federaciones, ligas y Euroliga. Es decir, primero lanzan un órdago indiscriminado y luego se sientan a dialogar.

La posibilidad de que la selección española se quede fuera de los próximos Juegos Olímpicos –a los que accede como campeona de Europa– es real, pero hay muchos intereses que tratarán de evitarlo. Alejandro Blanco, presidente del COE, reclamaba el pasado domingo en el programa Tirando a Fallar que FEB y ACB deben sentarse y solucionarlo. Vamos, que en esta tesitura la ACB tiene las de perder. Todo con tal de salvar esas dos semanas de agosto aunque lo que de verdad esté en juego sea la sostenibilidad de los clubs profesionales de baloncesto.

Al presidente de la federación serbia, Dejan Bodiroga, se le escapó ante los medios de su país que FIBA tiene una propuesta concreta para la Euroliga. La Euroliga ha anunciado su disposición a sentarse con FIBA en mayo. Hasta entonces, y puede que después, la guerra continúa.

El baloncesto es único en eso de pegarse tiros en el pie.