No había conseguido el Real Madrid esta temporada demostrar su verdadero nivel más que a rachas. Demasiado fugazmente como para aspirar a repetir las barbaridades del año pasado. Su irregularidad le hizo salir de la Euroliga de aquella manera, no poder ni aspirar al primer puesto de la ACB y casi perder el segundo. Pero el Madrid de la final ACB es otro.

Por tercer partido consecutivo le hizo (al menos) noventa puntos al Barça (91-74), con momentos de absoluta sangría ofensiva que Xavi Pascual no era capaz de contener ni con cien rotaciones. El ritmo fue el que quisieron los blancos, que jugaron transmitiendo una sensación de absoluta comodidad. Recién empezado el segundo cuarto Laso ya había empleado a sus doce hombres –porque quiso, no por necesidad– mientras al Barça se le descosían todas sus costuras.

Tras el descanso (54-41), el único y último intento serio de remontada azulgrana (62-56) provocó una avalancha de juego con una versión de Rudy Fernández (18 puntos, 5 rebotes) casi no recordada. Diez puntos seguidos suyos, un triple de Maciulis y una canasta de Thompkins elevaron la ventaja a +21 (77-56), en un punto de no retorno.

El resto del partido el Madrid se permitió el lujo de contemporizar, dosificar esfuerzos e incluso gustarse ante un rival que se fue haciendo más y más pequeño.

Con 2-1 y el cuarto partido en el Palacio, da la sensación de que solo el Madrid puede perder esta final.