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El baloncesto universitario norteamericano ha necesitado dos temporadas para definir con las palabras adecuadas a Domantas Sabonis. Tuvo que ser el entrenador de Northern Arizona, Jack Murphy, quien citara la siguiente afirmación: “Es un jugador NBA disputando la liga universitaria”. Justo unos minutos antes el lituano había firmado 26 puntos en 18 minutos con 12 de 13 en tiros de campo. Impresionante.

La vida es una consecución de elecciones que van marcando nuestro destino a corto, medio y largo plazo. Todo tiene consecuencias, nada es irrelevante. Con semejante transcendencia debió pensar hace dos temporadas este chico de 17 años, seguramente con la ayuda de su padre, el mito Arvydas Sabonis,. Conformarse con un éxito a corto plazo o arriesgar para recorrer ‘más kilómetros’. El objetivo era el mismo, la NBA, un destino posible, para nada tendencioso. Llegar estaba claro en la ambición, las dudas aparecían en elegir el sendero correcto.

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Hoy por hoy, los pronósticos sitúan a Domantas Sabonis como una elección de primera ronda en el próximo Draft de 2016. Es la segunda ocasión consecutiva en la que los expertos le colocan en esta predicción y de momento el jugador no se ha manifestado públicamente al respecto. Existen tantas posibilidades de que se convierta en profesional como de que se pueda quedar un año más en la Universidad, tal y como él mismo ha dejado claro: “No pienso en eso hoy en día, sólo pienso en el equipo ahora mismo”.

Lógico, porque lo que Gonzaga tiene por delante no es cualquier cosa, el campeonato de la NCAA está en marcha y esa capacidad de medirse a jugadores más grandes en el poste bajo, además de sus números, le avalan como futurible e interesante elección. Todo apunta a que será elegido en la noche del Draft entre las posiciones 15 y 20, pero lo que suceda en este March Madness podría hacerle subir posiciones.

Domantas Sabonis promedia 17.5 puntos y 11.7 rebotes por partido con un 60.8% de acierto en el tiro, un promedio prometedor de cara a la conclusión de la temporada. Su propio técnico, Mark Few, lo puso por las nubes: “Es el mejor rebotador que he entrenado en mi vida”. Su padre puede tener mucho que ver, quizás la altura no sea la misma pero la intuición y el hambre en ocasiones pueden más que los centímetros. La entrega de este jugador en este sentido está fuera de toda duda, no es negociable.

El doble-doble conseguido este sábado en la eliminatoria ante Utah Utes volvió a dejar patente que es un chico fundamental para su equipo. Los Bulldogs se impusieron 82-59 y el lituano acabó con 19 puntos y 10 rebotes, la línea continúa sin torcerse pese a que estos choques ya requieren tener sangre fría y no cometer errores. El próximo reto será en el ‘Sweet Sixteen’ contra Middle Tennessee o Syracuse.

Llegar hasta este punto en su carrera no fue un camino de rosas porque como avanzábamos al inicio de este artículo, el hijo de Arvydas Sabonis empleó dos temporadas jugando en la liga ACB con Unicaja como amateur. Supo esperar sus oportunidades desde el banquillo. Jamás firmó un contrato profesional, nunca se llevó dinero por jugar al baloncesto. Pero llego un punto de inflexión en el que debía elegir cómo quería llegar hasta la NBA. Había dos frentes abiertos: ser profesional en Europa y tratar de llamar la atención de las franquicias norteamericanas, o apostar por un camino más largo y arriesgado a través de la NCAA.

El camino de los estudios comenzó por elegir destino en el país de las barras y estrellas. Las propuestas de Oregon, Arizona State y Texas cayeron en favor de la de Gonzaga. También la propuesta económica de 630.000 euros anuales que le ofertaron en la ACB. Una trayectoria impecable con la camiseta de los Bulldogs le permite soñar ahora con estar entre los mejores del mundo.

Nunca sabremos qué habría sido de él si hubiera continuado en el viejo continente, probablemente podría haber repetido la historia de su padre cruzando el charco con retraso. Lo que sí sabemos es que su decisión ha sido acertada, porque esas puertas gloriosas de la NBA se le abren ahora de par en par, en su día eligió bien y decidió que era mejor ir despacio porque iba muy lejos.

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