A sus 34 años Dwyane Wade está viviendo una segunda juventud, su rendimiento deportivo se mantiene en buenas cifras liderando al equipo junto a Jimmy Butler, encajando a la perfección en este nuevo proyecto de los Bulls, algo por lo que no tantos apostaban después de dejar Miami tras trece años. “Hay una cosa que siempre me he dicho a mi mismo y a mis seguidores, si quisiera o tuviera que dejar Miami por cualquier razón, querría que fuera a Chicago, no muchas veces se tiene la oportunidad de realizar una carrera como la que he tenido y volver a jugar de nuevo a tu ciudad de origen”.

Detrás de esta decisión hay mucho más que lo puramente deportivo. No se trata solo de baloncesto, para Dwyane Wade la figura de su padre fue muy importante e intenta de aplicar su ejemplo ahora con sus hijos, hacerlo en la ciudad de Chicago lo dota aún de mayor sentido: “Quiero jugar un rol más importante con mis hijos”. Aunque la parte dura de regresar a casa fue descubrir que aquellos problemas existentes en su infancia continúan ahí, pocas semanas después de instalarse en su nuevo destino, una familiar cercana era asesinada como una víctima más de la violencia en las calles y las armas de fuego. Por situaciones así él mismo ha liderado un posicionamiento de jugadores muy importantes en la NBA, para siempre quedará el recuerdo de su aparición durante la entrega de los premios ESPY junto a Chris Paul, Carmelo Anthony y LeBron James. “Me encanta el hecho de que los deportistas profesionales estén usando su voz y se sitúen detrás de las cosas en las que creen”.

¿Por dónde pasan los esfuerzos por tratar de cambiar la sociedad? Uno de los pilares fundamentales es su madre: “La compré un edificio hace años y ella comenzó su propia fundación sobre esto. El edificio se convierte en un centro donde los niños puedan ser ayudados con programas fuera de los horarios de escuela, dándoles la oportunidad de vivir sus sueños, ayudándoles con formación que les ayude a conseguirlo. Tanto mi madre como mis hermanas lo han puesto en marcha y han trabajado en ello durante varios años. Sin mi pusieron los pilares básicos, ahora me toca a mi y a mi equipo adivinar como podemos utilizar de la mejor manera ese espacio y darle más fuerza. Podría ser algo bueno para la comunidad y una especie de legado que sería mucho más que lo que pueda dejar jugando al baloncesto”. Además de que la señora Wade pueda contribuir en el desarrollo de los más jóvenes, también puede tener más cerca a su hijo: “Ahora podrá venir a verme jugar 41 partidos al año”.

El proyecto Wade en Chicago se centra fundamentalmente en los más pequeños y supone un camino muy largo que seguramente vaya más allá de sus años como profesional. “Lo que beneficiaría a la ciudad es intentar concentrarnos en una necesidad, no se puede arreglar todo, en mi fundación queremos centrarnos a la juventud, son el futuro y si lo intentamos ahora poniendo una estructura en sus vidas, ellos pueden cambiar cosas en el futuro”.

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