Seis años después, el Barcelona volvió a ganar en el Palacio en liga regular de la ACB. La ventaja psicológica que el Real Madrid ejercía sobre su eterno rival tras el 7-2 de la pasada temporada (incluyendo victorias en las finales de Liga, Copa y Supercopa), enjugada en el primero de los Clásicos de ésta. Un partido que el equipo azulgrana disputó sin Arroyo ni Abrines, con Satoransky entre algodones y sin una preparación demasiado exhaustiva. Tiene motivos el seguidor culé para estar muy satisfecho.

Contamos tras la Supercopa que este Barcelona había hecho bien los deberes en verano para cubrir las alarmantes carencias mostradas en el curso anterior. Más carácter, mayor capacidad atlética y perfiles más próximos al ideal ‘Pascualista’. El mejor ejemplo de esto último, Stratos Perperoglu, jugador que más tiempo permaneció en cancha (29 minutos, 53 segundos) a pesar de que no sumó un solo punto. Y no le hizo falta. Su deber era aportar otras cosas.

Tras un par de meses en los que el Barça ha ganado pero no enamorado, la victoria contra el Madrid supone un espaldarazo justo antes de empezar el periodo clave de la temporada, aunque su propio entrenador le reste importancia: “Esta victoria no tiene mucha trascendencia deportiva porque es un partido de liga regular, pero sí nos da un punto de confianza y demuestra de lo que somos capaces cuando hacemos bien las cosas”, declaró.

En las cinco campañas anteriores Real Madrid y Barcelona disputaron 41 partidos (balance 23-18 para los blancos), a una media de ocho por temporada. Con tantos enfrentamientos directos, es difícil sorprender al rival. El Barça lo consiguió hacer gracias a unos porcentajes excelentes (tremendo 71% en tiros de dos) y a que no perdió demasiados balones ni concedió muchos rebotes. El Madrid, boqueando desde el primer tiempo (encajó 50 puntos al descanso) para no irse del partido. Y ni así.

Soberbio Justin Doellman, con 17 puntos y un solo error en el tiro (en el último minuto de partido), desbordante Navarro (12 puntos y 5 asistencias en 22 minutos) e imperial Pau Ribas (¿Hay algo que no pueda hacer bien?).

“No hemos entendido el partido”, dijo un apesadumbrado Pablo Laso tras el encuentro. Lo comparó incluso a la derrota de infausto recuerdo en Estrasburgo, donde su equipo se llevó un severo correctivo ante un rival muy menor. El técnico vasco lo intentó de todos los modos posibles. Utilizó a sus doce jugadores disponibles, probó con Willy Hernangómez y el Chapu Nocioni por dentro, con Maurice Ndour de ‘cinco’ improvisado, con ‘los Sergios’ y Doncic a la vez por fuera, zona de ajustes… Y nada.

El marcador final reflejó un +7 para el Barça básicamente porque no quiso hacer pupa. La diferencia real entre equipos fue mucho mayor.

Hace un año por estas mismas fechas el Madrid atravesó una crisis trascendental tras perder contra Barça y Unicaja en la misma semana. A Laso se le daba por despedido. Terminó siendo la mejor temporada de un equipo español de la historia. Valga como recordatorio para críticos con ganas de sacar conclusiones precipitadas. Queda mucho.

Próxima parada, 21 de enero: Real Madrid-Barcelona en el Top 16 de la Euroliga. Ese día ya con la artillería pesada.