Que Chris Bosh quiere volver a jugar profesionalmente al baloncesto es algo que no se le escapa a nadie. Que lo vaya a conseguir es otro tema, y lo descubriremos en los próximos dos meses. Desde que el pasado mes de febrero los médicos le detectaran (por segunda ocasión en un año) coágulos en la sangre, su actividad física se ha visto muy reducida para recuperarse de un problema muy serio. Su afán por regresar a la élite demostrando su capacidad en entrenamientos individuales y el temor (y negocio) de Miami Heat de que suceda algo grave, chocan en los intereses de ambos. ¿Están obligados a entenderse?

La pregunta no debe dirigirse al jugador, sino a la franquicia, Miami Heat, que ha visto como una de sus estrellas se ha perdido media temporada durante los dos últimos cursos por enfermedad. En caso afirmativo, ¿qué tipo de restricciones aplicarán desde el equipo para no correr riesgos? Los riesgos podrían ser muy graves, recordemos que los coágulos que se encontraron en la sangre de Bosh suponen un riesgo de desafallecimiento.

El jugador está trabajando duro fuera de la disciplina del equipo, por si mismo, y para estar listo de cara al inicio de liga. Así ha quedado demostrado en varios mensajes por redes sociales en los que se le ve trabajando en una cancha privada. Y más aún en su cuenta de Instagram, en la que ha dejado publicado un vídeo muy directo: “Todo el mundo me sigue preguntando si me siento esperanzado. Sí, estoy esperanzado. Soy positivo”.

“Everybody keeps asking if I’m hooping. Yes, I’m hooping. I’m a hooper.” – MRCHRISBOSH On Snapchat #TeamBosh #Basketball

Un vídeo publicado por Chris Bosh (@chrisbosh) el

Dos posturas muy opuestas la del jugador y la franquicia sobre su participación. De un lado incluso ansia por poder seguir demostrando su calidad en la pista. Del otro el temor de que algo grave pueda suceder vistiendo esa camiseta. Un acuerdo y un protocolo de trabajo se antojan obligados antes de que comience la pretemporada el próximo 27 de septiembre.

Si nos guiamos por la plantilla actual de los Heat, sin enfermedad de por medio el equipo de Miami estaría ansioso por confirmar el regreso de su estrella. La marcha de Dwyane Wade junto a Joe Johnson y Luol Deng dejan muy mermadas las aspiraciones en el sur de la Florida. Pero ya tuvieron la oportunidad de hacerle regresar durante los últimos Playoffs y nunca sucedió. Verle en el banquillo, de calle, por momentos entusiasmado por los logros de sus compañeros, en otras ocasiones evidentemente serio por no poder estar en el parqué junto al resto.

Por si fuera pequeña la polémica, los entornos del jugador y el equipo avivan el fuego. La mujer de Bosh apoya el regreso a la competición: “he estado viendo a mi marido por más de un mes entrenando, día sí y día no, y estoy feliz de verle avanzar con este duro trabajo”.

En el equipo aparece la figura de Pat Riley, el presidente de operaciones deportivas, quien trata de frenar el entusiasmo de Bosh con buenas palabras, evidentemente no quiere correr riesgos. “Creo que deberíamos esperar a agosto o septiembre, entonces tendremos mucha más información”. ¿Saben leer entre líneas?

El contrato de Bosh con Miami dura hasta el año 2019 y en este próximo curso asciende a 23.7 millones de dólares. Una de las vías de salida del equipo para liberarse del compromiso económico con el jugador (es el mejor pagado de la plantilla) pasa por conseguir que su tiempo de ausencia de las pistas se alargue por un año natural. Su último partido fue el pasado nueve de febrero. De este modo podrían rescindir el contrato pagando esos 23.7 millones del antepenúltimo año, se librarían así de pagar los 52 millones de dólares (25.2 y 26.8) de las siguientes dos temporadas firmadas. ¿Aguantará seis meses más sin jugar Chris Bosh? ¿Tendrán que recurrir a él los Heat antes de esa fecha? La polémica está más que servida…