Existen muchas maneras de afrontar la complicada situación que atraviesa la sociedad de los Estados Unidos en relación a las armas de fuego y las habituales muertes que a diario inundan las noticias de sucesos en los informativos. Uno de los últimos episodios lo vivíamos este mismo viernes en Chicago, y tuvo mayor repercusión porque la víctima era prima de una de las estrellas de la NBA: Dwyane Wade.

El oportunista Donald Trump

Ante semejante noticia, por desgracia, no sorprende que algunos la conviertan en oportunidad para mejorar su imagen o lograr unos votos. Una de las polémicas del fin de semana en el país de las barras y estrellas ha sido el tweet que el candidato republicano, Donald Trump, publicaba en su cuenta oficial pidiendo el voto a la comunidad afroamericana con este mensaje: “La prima de Dwyane Wade era disparada y asesinada sólo por pasear a su bebé en Chicago. Simplemente lo que he estado diciendo. Los afroamericanos votarán por Donald Trump”.

La valoración ética del tweet lo dejamos para otro momento, que cada lector saque sus propias conclusiones, en lo que sí estaremos todos de acuerdo es en el oportunismo del candidato a la presidencia de los Estados Unidos. No satisfecho con ello, continuó su mensaje en su discurso durante la visita al estado de Iowa este sábado, desde donde marca como objetivo “ganar de nuevo el voto afroamericano”.

Las referencias al asesinato de este viernes en la ciudad del viento no tardaron en llegar: “Justo ayer, la prima de Dwyane Wade, un gran tipo, fue la víctima de un tiroteo trágico en Chicago. Era madre de cuatro niños y fue asesinada mientras empujaba el carrito de su bebé calle abajo. Esto destroza todos nuestros corazones, es horrible y simplemente va a peor” .

La élite del deporte regresa al compromiso social

La violencia en las calles de las ciudades de Estados Unidos es, por desgracia, una noticia que salpica la actualidad cada día y que está encontrando su vínculo con el deporte en forma de movilización de muchos atletas. Algunos se manifiestan con mayor polémica que otros. Aún recordamos cómo en la pasada gala de los premios ESPYS, cuatro jugadores de la NBA como el propio Dwyane Wade, Chris Paul, Carmelo Anthony y LeBron James leyeron un manifiesto para concienciar a la sociedad en el camino por erradicar las muertes por arma de fuego. Caprichoso y cruel destino para Wade, que meses más tarde entierra a un familiar por ese mismo motivo.LeBronJamesICantBreathe

Este nuevo ‘Star-System’ de jugadores que protagoniza una de la mejores épocas en la historia de la NBA lleva ya años mostrando su compromiso con las causes justas. Si nos remontamos al año 2014 podemos recordar aquellas camisetas negras, portadas por muchos jugadores durante el calentamiento, desafiando la normativa de la liga en cuanto a indumentaria. Todas reflejaban la expresión: “I can’t breathe” (‘no puedo respirar’).

Fueron las últimas palabras de Eric Garner antes de morir en Staten Island, Nueva York, cuando la policía empleó de manera excesiva e innecesaria la fuerza en su detención. Los médicos relacionaron la causa de la muerte con el protocolo seguido por los cuatro agentes. Todo se filmó, y se convirtió en viral, era una muestra más del ensañamiento con las personas de color. Garner avisó hasta en once ocasiones que no podía respirar, la contundencia no se rebajó y acabó con su fallecimiento.

La época que vivimos en el deporte profesional norteamericano recuerda en cierto modo a la de los años sesenta, cuando importantes deportistas de popularidad mundial se movilizaron por causas sociales. No hace falta que recordemos a figuras como las de Muhammad Ali, Kareem Abdul-Jabbar o el mítico jugador de los Cleveland Browns, Jim Brown. El propio Michael Jordan se expresaba el pasado mes de julio en una entrevista destacando que “no podía callarse durante más tiempo”. El problema racial existe y la segmentación deriva en la violencia. La leyenda de los Bulls se mostraba especialmente dolido: “Como americano orgulloso, como padre que perdió a mi propio padre en un acto de violencia sinsentido, y como persona de raza negra, he estado profundamente afectado por las muertes de afroamericanos a manos de oficiales de la ley, movidos por la cobardía y el odio. Me uno al dolor de las familias que han perdido gente querida, sé muy bien cómo es su dolor”.

Protestas políticamente incorrectas

Recientemente saltaba la polémica a raíz de la decisión de Colin Kaepernick, quarterback de los San Francisco 49ers, de no plantarse firme y con el respeto habitual al sonar el himno de los Estados Unidos en la previa de un partido de la NFL. No lo cantó y permaneció sentado durante la ceremonia. El motivo no era otro que protestar por el trato recibido por las minorías raciales: “No voy a levantarme para mostrar orgullo a la bandera de un país que oprime a la gente de color”. Su repulsa la hizo sin consultar ni informar a su equipo, “no busco aprobación, tengo que levantarme por la gente que está siendo oprimida, si pierdo mi carrera o patrocinios sabré que protesté por lo que es correcto”.

La historia personal de Colin Kaepernick impresiona si conocemos sus orígenes, y nos permite comprender por qué tomó esta arriesgada decisión sin tapujos. Hijo de un inmigrante africano que los abandonó, a él y a su joven madre de 19 años. Fue entregado en adopción a un matrimonio que había perdido a sus dos primeros hijos por problemas de corazón. El quarterback de los 49ers se considera una persona muy religiosa, manifiesta habitualmente su fe y lleva varios tatuajes en su brazo con versos de la Biblia.

Los problemas sociales siguen en las calles de Estados Unidos y no se encuentra la manera de solucionarlos. Los movimientos realizados desde el mundo del deporte de élite, sean más o menos respetuosos, no dejan de reflejar el sentir de un sector muy amplio de la población. Tal y como ya sucedió en los años sesenta vuelve a existir el compromiso, un vínculo que permite que vuelvan a dar la cara iconos del deporte que, por su identificación y repercusión, pueden aportar mucho apoyo contra esta lacra del siglo XX y, ahora también, del siglo XXI.