No sabemos hasta dónde pueden llegar estos Heat con tantas ausencias notables en la plantilla, lo que sí podemos asegurar es que serán uno de los equipos más incómodos cuando les corresponda defender. Y es que en cada momento en el que Hassan Whiteside está sobre el parquet, los tiros de los rivales están en todo momento condicionados. Primero por su capacidad para intimidar, no hay nadie que tapone como él lo hace. También porque un fallo es casi un sinónimo de rebote para el gigantesco jugador de Miami.

Sus siete pies representan en medidas europeas dos metros y trece centímetros, a los que hay que unir su coordinación, agilidad y velocidad, que combinados con su envergadura (2 metros y 34 centímetros) le convierten en un dolor de cabeza para las pizarras rivales. Una especie de ‘Doctor No’ que sufre cada uno que se enfrenta a los Heat, hoy por hoy es casi obligado ajustar y condicionar las opciones ofensivas para anotar ante Miami, sólo con mucha precisión en el tiro o paciencia en el pase extra se puede sumar en el marcador.

Si tiramos de Historia de la competición, no se veía algo así en la NBA en décadas. Miami taponó 33 tiros más que cualquier otro equipo el pasado curso. Hassan Whiteside puso 92 tapones más él solo que cualquier otro jugador de la liga. Su porcentaje de acierto a la hora de bloquear la trayectoria de los lanzamientos rivales es del 9.7%, el quinto más alto en toda la historia de la liga. Lo dicho, muchísimos años desde que se conociera un hombre con una intimidación similar.

¿Cuál es la primera reacción que solemos ver en los equipos NBA cuando Whiteside está frente a ellos? Lo más recurrente es jugar con cuatro hombres abiertos y únicamente un interior. En algunos casos es una simple adaptación táctica, en otros que acostumbran a usar dos grandes, es un inconveniente destacable. Y por supuesto, el número de lanzamientos de tres puntos crece y crece, la inspiración desde este lugar del campo suele decidir quién es el dueño de la victoria.

Hace dos décadas desde que un jugador lograra taponar 200 tiros en una temporada, concretamente han sido tan solo cuatro los que han conseguido este logro. Fue por entonces cuando alguien llegó a promediar cuatro tapones por encuentro, una auténtica barbaridad. El último en hacerlo fue Dikembe Mutombo en la campaña 1973/1974 ¡Leyenda!

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Parece que es el año definitivo del paso al frente de Hassan Whiteside con Miami, ha completado buenos momentos de temporada en los últimos dos cursos, pero siempre se le achacaba lo mismo: la falta de regularidad en su rendimiento. Hablamos de alguien que estando entonado puede dominar la pintura sin importarle su oponente. Su renovación el pasado verano a razón de 98 millones de dólares por cuatro temporadas tiene que ser justificada y contrastaba con aquellos inicios en 2014, cuando iba acumulando renovaciones de diez días en diez días. ¡Cómo han cambiado las cosas!

Después del adiós definitivo al Big-Three con la baja de Chris Bosh y la marcha de Dwyane Wade, quedan ‘huérfanos’ muchos lanzamientos por partido. Erik Spoelstra busca dueño para un elevado número de tiros cada noche que antes correspondía a uno de estos dos grandes jugadores. Por eso se apostó por Whiteside con semejante cifra de dinero, la franquicia del sur de la Florida veía en su gigante algo más que una máquina de poner tapones y capturar rebotes. De por medio hay un acuerdo verbal por evolucionar, por trabajar y echar horas extras que le permitan ampliar su repertorio ofensivo cerca del aro, también mejorar en su tiro exterior.

En tan solo tres amistosos, las estadísticas de Miami Heat muestran el cambio. El mejor taponador de la NBA evoluciona y está en constante crecimiento, ahora ataca y lo hace muy bien. Ante Washington, Minnesota y Brooklyn promedió 19.3 puntos, 13 rebotes y 3.3 tapones en 26.4 minutos. En todas estas facetas es el más destacado de su equipo y la efectividad en tiro está en un fantástico 71.4%.

Esta mezcla entre el cuento de la Cenicienta y el de Goliat no tiene escrito todavía su final. Son muchas páginas por delante, lo cierto es que las letras ahora son de oro, porque si entre 2011 y 2016 su cuenta bancaria había sumado poco más de tres millones de dólares, ahora ha multiplicado por diez cada uno de sus cuatro próximos años.