SantisimaTrinidadGriega

El fin de una era. Una era, cabe apuntar, larga, próspera y especialmente brillante. Nunca conoció Europa semejante talento reunido en un mismo país. Más concretamente, en una misma posición. Porque el puesto de base, durante décadas, ha tenido una bandera tatuada en sus letras. El Olimpo cayó rendido a sus dioses de carne y hueso.

No es fácil asistir al fin de las epopeyas. Narrar su final. Y, sobre todo, ponerlas en contexto.Theodoros Papaloukas, Dimitris Diamantidis y Vassilis Spanoulis hicieron del pick and roll un arte. Un colorido cuadro que las hemerotecas guardarán hasta el fin de los días. Un cuadro en movimiento que, casi sin querer, logró recrear el bucólico estilo de la Grecia Clásica.

Fue su propia evolución como jugadores la que pintó tintes más luminosos y solemnes. Como sucediese con las antiguas culturas, el cristianismo llegó para imponer su dogma dominante y sus principios privativos. No había lugar para retozar ni añorar tiempos pretéritos de juventud. La madurez dio lugar a la sobriedad. A la misma perfección elevada a la enésima potencia. Maestro y discípulos se lo inculcaron durante generaciones para dominar con puño de hierro el juego europeo.

Una era inolvidable

No es necesario contabilizar sus títulos, tanto a nivel de selecciones, como a nivel de clubes. Su sombra abarca mucho más que unos trofeos. Su historia es la del máximo apogeo de la posición de base en Europa. Y, de tener que marcar algún punto concreto como el esplendor absoluto, sería el Eurobasket de 2005 y el Mundial de 2006.

En el Eurobasket, conquistaron el Oro 18 años después (1987). El dolor tras caer en Cuartos de Final contra Argentina – futura campeona – en sus propios Juegos Olímpicos fue el detonante necesario para que su carácter explotara, poniéndolo a la altura de su talento. Tanto es así que, a falta de solo un minuto y perdiendo por 7 puntos contra Francia, los griegos sacaron todo el orgullo herido acumulado ofreciendo un clínic concentrado que culminó en el orgásmico triple de Diamantidis a falta de 3 segundos (67-66). La final no sería sino un trámite, fulminando a Alemania por 16 puntos (78-62).

Diamantidis-Spanoulis-y-Papaloukas

Eran imparables. Theodoros Papaloukas (29 años), Dimitris Diamantidis (26 años) y, en menor medida, Vassilis Spanoulis (24 años) eran líderes de un grupo irrepetible al que se sumaba el más joven de todos: Nikos Zisis (23 años), retirado también en el Eurobasket de 2015. Solo hacía dos años, en sus JJOO de 2004, que Diamantidis y Spanoulis habían debutado con el equipo nacional. Papaloukas, el más veterano, lo haría en el Eurobasket de 2001.

Pero volvamos al Mundial de 2006. Su exhibición en semifinales ante Estados Unidos marcó un hito en la historia del baloncesto. No solo por la derrota del Team USA, sino por la forma y circunstancias en que se produjo. Una Grecia experimentada sacó los colores a un equipo estadounidense que llegaba con la obligación de ganar tras años de rotundos fracasos, en los que su selección había tocado fondo. Exprimiendo su pick and roll con una maestría nunca antes contemplada, aplicaron su técnica de pintor veterano, firmando un cuadro revalorizado con cada año que pasa. Solo España se cruzó su camino en la final. Porque el resultado, lo conocemos todos.

Pero, al igual que Argentina creó sin querer la divinidad helena tras su victoria en los JJOO, Grecia alimentó el monstruo estadounidense. Y, a día de hoy, aún no ha saciado su hambre. Aquel Mundial era el primero en el que Coach K tomaba las riendas del Team USA. Jerry Colangelo acudió a él en una llamada que apeló a su patriota responsabilidad – servir en West Point allanaba el camino para tocar su sensibilidad – con una frase que pasaría a la posteridad: “El baloncesto nos ha dado muchas cosas. Es hora de que le devolvamos el favor”. Colangelo se jugaba su prestigio intentando reflotar un combinado nacional caído en desgracia. Y se la jugaba con un inexperto Mike Kryzewski, inexperto a nivel internacional.

El correctivo al que Grecia sometió en las semifinales de 2006 al Team USA hundió a técnico y director. “Enhorabuena, se que esta victoria significa mucho para vosotros”, acertó a decir Coach K estrechando la mano de un emocionado Giannakis. Al mismo tiempo, cruzaba una mirada cómplice con Colangelo, asumiendo un nuevo fracaso. Nada volvió a ser igual. USA Basketball aprendió de sus errores y, prueba significativa es que para los JJOO de 2008, Nate McMillan fuese uno de los asistentes de Kryzewski para aplicar sus famosos sistemas defensivos contra el pick and roll. Sistemas que aún hoy siguen vigentes en gran medida.

El posterior dominio estadounidense desde los JJOO de 2008, también es consabido. Pero esa, la de Estados Unidos, es otra historia. Historia cruzada con la Trinidad griega en su origen.

El legado

“Me retiro de la Selección. Todos estos años me ha ofrecido tantas cosas… Algunas veces con éxito y otras veces con fracasos. Empecé a jugar cuando tenía 17 años (en categorías inferiores). Así es la vida. Es el momento adecuado para que me retire, para que los jugadores más jóvenes den un paso adelante”, reconocía Spanoulis tras sellar el pase de Grecia al Preolímpico.

Spanoulis ha estado 9 años con la Selección (2004 a 2015), retirándose a los 33 años; más tiempo que ninguno de los otros. Diamantidis apenas jugó 6 años (de 2004 a 2010), retirándose a los 32 años tras perder en Cuartos contra España. El caso de Papaloukas (2001-2008) fue diferente, ya que su retirada no se produjo jugando. En 2008, tras jugar sus últimos partidos con Grecia en los JJOO, no cerró la puerta. Contaba entonces con 30 años. Posteriormente pediría descansar en el Eurobasket de Polonia 2009 y ya no volvería al combinado heleno.

De los tres, es Spanoulis quien se retira como el mayor ídolo nacional de forma unánime. Porque a la retirada de Diamantidis siempre le envolvió un halo de misticismo. Durante años se mantuvo vigente la teoría de que el base chocó con Spanoulis en aquel Mundial de 2010. Afirmaciones que Dimitris ha desmentido sin descanso una y otra vez.

Así, el día de su retirada, Diamantidis afirmaba: “Es el final de un largo camino que ha dejado momentos preciosos, como Belgrado o Japón”. “Es momento de que los jugadores jóvenes lleguen al equipo”. Palabras casi calcadas a las repetidas por V-Span en 2015.

“Estoy agradecido a todos mis compañeros”, continuó. “He pasado grandes momentos con ellos en todos estos años. Es muy importante para un jugador jugar con su Selección. Pero todo círculo tiene que cerrarse. La vida continúa. La Selección es historia para mí”, aclaraba un Diamantidis que se marchaba con el aura de leyenda viva aún sobre su cabeza.

Diamantidis-Spanoulis-y-Papaloukas

Descabezados de los padres del pick and roll, su pupilo se encargó de postergar su legado unos cuantos años más. Aunque fuese a nivel de clubes. Y el propio Diamantidis aún lo haría ganando su última Euroliga en 2011, abusando de su arma favorita junto a un destructivo Mike Batiste en Panhatinaikos. A las órdenes, cómo no, del maestro Obradovic. Su eterno rival, Olympiacos, tomaría el relevo de la mano del mejor Spanoulis nunca visto en 2012, 2013 y llegando a la final de 2015.

Es imposible describir el dominio de los tres bases griegos sin tener oportunidad de contemplarlo. Sin ponerlo en contexto. Solo durante cuatro años jugaron juntos defendiendo los colores de su país. Y, curiosamente, el ciclo se cerró como empezó: cayendo en Cuartos de unos Juegos Olímpicos contra Argentina. Ya lo decía Diamantidis: “todo círculo tiene que cerrarse”.

Y aunque su legado, su descarado e imparable pick and roll, permanezca vivo aún en nuestras retinas, algún día caerá en la mitología clásica del baloncesto. En el halago exacerbado, si es que acaso su baloncesto no era ya una hipérbole en sí mismo. Pero tal vez la frase más acertada para describir su talento (el de Spanoulis), aunque bien podría ser aplicable a sus dos compatriotas, es la pronunciada por Simone Pianigiani en su retirada: “Para él, solo silencio y bravo”. En nombre de Theo, de Dimitris y de Vassilis Santo.