Todo comienza en el año 2013 con una visita a Israel, Amare Stoudemire conoció Jerusalén y pudo incluso compartir una reunión personal con el antiguo presidente israelí Simon Peres. Aquella experiencia hizo que quedara enamorado de la ciudad y su gente, hasta el punto de declarar que era su lugar favorito. Con el paso del tiempo el contacto se mantuvo y el interés del pívot crecía mientras daba sus últimos coletazos en la NBA. Llegó incluso a comprar una parte del accionariado del Happel Jerusalén.

Con el paso del tiempo aquella compra acabó siendo una excusa perfecta para poder jugar con ellos, tras terminar con Miami Heat la temporada 2015/2016 manifestaba públicamente su retirada profesional en los Estados Unidos y hacía las maletas rumbo a Israel. Por el camino sacrificaba mucho dinero, porque el nuevo contrato televisivo acababa de firmarse y existían ofertas por él. El lado más espiritual se impuso en aquel momento y junto a su esposa y sus cuatro hijos cruzaron el mundo para vivir una nueva experiencia. Han cambiado el fabuloso clima y las impresionantes playas de Miami por un nuevo hogar a apenas 25 minutos caminando hasta la vieja ciudad de Jerusalén.

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Parece que eligió la mejor opción a sus 34 años de edad, su tierra de adopción, como a él le gusta denominarla, le recibía con los brazos abiertos: “Nunca me he sentido tanto en casa como ahora, jamás he estado tan ligado a un lugar en el que haya jugado antes”. Los compañeros de Sports Illustrated pudieron comprobarlo de primera mano pasando unos días junto a él para realizar un reportaje.

Amare Stoudemire y su familia no son judíos, pero se identifican con la cultura hebrea. No comen cerdo ni marisco. Incluso ha llegado a perdonar en su dieta algo tan americano como el bacon, ya conoce una carnicería en la ciudad en la que se lo hacen de pavo.

La integración es total, viven en una casa a pocas manzanas del primer ministro Benjamin Netanyahu, quien ha sido uno de sus apoyos a la hora de integrarse en la sociedad. “La gente dice que esta es una zona de guerra y yo contesto diciendo que no puede ser más contrario a la realidad. Es un país precioso. Playas. Desierto. Grandes restaurantes. Gente magnífica. Los sábados es un lugar tranquilo (es el día de descanso judío). Todo ayuda a descansar, pasar tiempo con la familia”.

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Sólo hay algo que sin lugar a dudas Amare Stoudemire mejoraría de su estancia en Israel, la calidad de sus actuales compañeros de equipo. El balance del Hapoel Jerusalén entre victorias y derrotas está en torno al 50%. Su carrera en la NBA se caracterizó por el físico, su potencia cerca del aro y la intimidación. No era un jugador especialmente listo, pero en su nuevo equipo actúa en ocasiones como guía de los más jóvenes del grupo, orientándoles en entrenamientos y partidos. La experiencia es un grado, y Stoudemire viene de competir con los mejores.

Lo deportivo es importante, pero sobre todo en esta última etapa como profesional lo que busca es ser una especie de embajador no oficial, aprovecharse de su condición para vivir intensamente esta oportunidad. La familia estudia hebreo, Amare está involucrado en diversas iniciativas solidarias en la ciudad cediendo su imagen y su tiempo, los paseos por las zonas culturales son cada semana más habituales, un lugar histórico. Algunos días libres, por la cercanía, la familia viaja por el país o visita ciudades europeas como Londres o Paris. Un cambio de vida importante apostando por la cultura como camino a seguir.

Quizás donde ha podido notar mayor diferencia ha sido en la pérdida de lujos a los que los jugadores de la NBA están acostumbrados. El Hapoel Jerusalén se desplaza a los partidos de liga en autobús y cuando hay compromisos en el resto del continente se utilizan vuelos comerciales. No hay avión privado, no hay hoteles de cinco estrellas para descansar en la mejor zona de la ciudad rival. La única ‘frivolidad’ que ha solicitado para firmar ha sido disponer de su propia habitación en los desplazamientos, él no comparte su espacio con ningún compañero. A esa costumbre de momento no ha logrado adaptarse.