La capacidad de enamorar que tenía Hakeem Olajuwon la han tenido muy pocos hombres grandes en el baloncesto, sus movimientos y agilidad, más típicas de un jugador exterior que de un gigantón hacían que los espectadores no perdieran de vista la pantalla ni un segundo. Podías perderte algo importante. Era un jugador histórico.

Han pasado muchos años desde entonces, se podría decir que el basket es casi otro deporte, pero la esencia de aquel jugador larguirucho vuelve a verse hoy en día en un joven Joel Embiid, que afronta su primer año como profesional tras dos años de lesiones y mala suerte. Le queda mucho camino por delante pero los primeros kilómetros son muy prometedores.