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Ganar, esta selección española ha ganado mucho. Pero siempre ha sido desde una posición de superioridad, la que daba la presencia en plenitud de una generación dotada de un excepcional talento para jugar al baloncesto. Ganar contra pronóstico, ante un equipo más joven y muy superior físicamente y en número de efectivos, es una experiencia que teníamos olvidada. Por eso no resulta fácil explicar racionalmente cómo España se ha logrado meter en su séptima final desde 2006, hundiendo en la miseria, de paso, a su gran enemigo: Francia. Intentaré explicar una heroicidad.

Las claves

Hace un año una Francia ‘justita’ desarboló por completo a la mejor selección española de la historia en los cuartos de final de la Copa del Mundo. En aquel partido de infausto recuerdo el equipo galo consiguió 50 rebotes contra una España que tenía en la pintura a los dos Gasoles y a Serge Ibaka. Anoche, con muchos menos centímetros que entonces, con muchos más huecos sin cubrir en la pintura, esta selección consiguió defenderse mucho mejor de las leyes de la física. Porque el rebote es, por encima de todo, deseo. Rudy Gobert, un tipo que con los brazos estirados y sin saltar llega a 2,92 metros del suelo (el aro está a 3,05), empezó llevándose todos los balones rechazados. Y cuando no era él, el esférico caía en las manos Batum, Gélabale o De Colo. En el minuto 29 (y +10 para los galos en el electrónico) Francia llevaba ya 15 capturas en ataque y 17 puntos conseguidos en esas segundas opciones. De algún modo que solo se explica con una palabra que empieza por ‘co’ y acaba por ‘nes’ España cortó esa sangría y consiguió acabar el encuentro con los mismos rebotes que su rival (44).

La selección que dirige Sergio Scariolo jugó bien sus cartas desde el principio. Se mostró muy activa en defensa –espectacular mejoría respecto al inicio del campeonato– y encontró buenas situaciones en ataque, pero el tiro exterior falló de manera dramática (4 de 21 en triples) y eso permitió a Francia mandar en el marcador durante la práctica totalidad del partido. Gracias a un Nando de Colo imperial y a que todas las jugadas psicológicas (balones divididos, tiros en finales de posesión, tiros imposibles) favorecían a los galos, la lógica parecía imponerse. Con +9 y posesión a 5 minutos del final, solo un milagro podía evitar la victoria de la anfitriona y gran favorita.

Y entonces reclamó el balón Pau Gasol. Después de hacer un partido inteligente, de guerrillero, sumando poco a poco y casi en soledad (aportó la mitad de los puntos de su equipo: 40 de 80) frente a un defensor (Gobert) atléticamente superior –porque el seleccionador francés decidió que a Pau le podía defender un único jugador sin ayudas; en su pecado lleva la penitencia–, el de Sant Boi decidió echar el resto. Unos tiros libres, luego un mate a dos manos entrando desde la línea de tres, como cuando era un veinteañero, luego otra canasta… Y España estaba, increíblemente, por delante (62-61 a 2:30). Con todo igualado y poco tiempo por jugar, dejaron de contar los argumentos baloncestísticos y se impusieron los mentales.

España supo traspasar la presión a la selección francesa. La presión de revalidar el título de 2013. La presión de ganar a un rival teóricamente inferior. La presión por satisfacer a 27.000 espectadores (en representación de un país entero). Cuando ocurrió eso, como explicó gráficamente Felipe Reyes, se vieron ganadores. Porque en lo que a seguridad mental se refiere, ayuda mucho tener a tu lado a Gasol, un tipo que los 35 años es capaz de protagonizar la mejor actuación individual del Eurobasket (40 puntos, 11 rebotes, 11 faltas recibidas) y, probablemente, el mejor partido desde que defiende al combinado nacional. Que ya es decir.

La selección española ha vuelto a dar una lección. De casta, a falta de brillantez. Y ha cumplido el objetivo del verano: clasificarse para los Juegos de Río de Janeiro. La liberación de presión es enorme. Por eso, si ganar a Francia no ha supuesto un gran peaje físico para los jugadores clave, nadie puede descartarles ya para el oro.

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Los jugadores, uno a uno

QUINTETO INICIAL (Entre paréntesis, la evolución del marcador cuando estuvieron en cancha)
Sergio Llull (+2): Acabó exhausto (disputó 39 minutos) por el esfuerzo defensivo que supuso intentar frenar a dos jugadores tan determinantes como Parker y Nando de Colo.

Pau Ribas (-2): Esta vez no acertó desde el triple (0/2). En el final de partido Scariolo prefirió jugársela con los dos Sergios en pista.

Rudy Fernández (+4): Anotó sus primeros puntos (7, con 1/8 en tiros de campo) en la fase de eliminatorias. Un jugador de tanto talento ofensivo terminó brillando por su defensa: 3 robos de balón ¡¡y 3 tapones!! Muy elogiable su esfuerzo en las condiciones físicas en las que está.

Nikola Mirotic (-10):  Día difícil para él. Francia se empeñó en llevarle al poste bajo con Diaw y ahí sufre.

Pau Gasol (+10): Estratosférico. 18 de sus 40 puntos llegaron entre el final del cuarto periodo y la prórroga. Acabó con una valoración de 52, récord en este Eurobasket 2015. Apunta a MVP.

SUPLENTES

Sergio Rodríguez (+8): Se le vio con chispa cada vez que salió a cancha. Mareó a Batum y a Parker e hizo estragos jugando el bloqueo directo con Pau. Soberbio.

Felipe Reyes (+10): Trabajo sordo en el tramo final del partido, cuando se gestó la remontada. De ahí su +10 en pista.

Víctor Claver (+4): De nuevo importante en el rebote (capturó 6, 4 de ellos en ataque). Su error en la prórroga al cometer falta sobre Batum cuando estaba lanzando un triple (con +3 para España) pudo costar caro.

No jugaron: San Emeterio, Willy Hernangómez, Guillem Vives y Pablo Aguilar.

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