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Un equipo que lo gana absolutamente todo en una temporada solo puede ir a peor. O al menos eso es lo que dicta la lógica. Pero con sus incorporaciones de este pasado verano el Real Madrid ha conseguido ilusionar a una afición que ya había llenado el depósito de euforia. Sobre todo con la de Jeff Taylor, un talento NBA con el que el equipo blanco solidificaba la posición de alero alto, crucial (por la escasez) en el baloncesto del Viejo Continente.

Pero Taylor cayó lesionado nada más empezar la pretemporada con una dolencia muscular de esas que se eternizan en el tiempo y que hacen dudar de la durabilidad de un jugador. Pablo Laso llegó a admitir que el sueco estaba “jodido”. Se rumoreaba que en el vestuario se le había bautizado como ‘Prosinecki’. Y mientras, su equipo perdía partidos –tres oficiales seguidos– y daba una imagen bastante pobre. Las dudas sobre si el club merengue había hecho lo correcto facilitando la salida a Turquía de su ancla defensiva, Marcus Slaughter, crecían.

La vuelta a la rutina y a los entrenamientos le sentó bien al Real Madrid, que ha encadenado tres victorias en ocho días por diferencias de 33, 27 y 23 puntos, respectivamente. Los de Laso han vuelto a ser el rodillo de la campaña pasada, y, lo que es mejor para ellos, por fin han recuperado a su incorporación estrella.

Jeffery Taylor se estrenó con la camiseta blanca el domingo, en el segundo cuarto del partido frente al Iberostar Tenerife. Y bastaron un par de posesiones para darse cuenta de lo importante que puede llegar a ser. De salida Laso le utilizó como escolta en un quinteto en el que coincidió con Sergio Rodríguez, Maciulis, Nocioni y Felipe Reyes. Desde su 2,01 m. de altura Taylor se emparejó primero con Nicolás Richotti, de 1,83 m., y luego con Kerry Carter, de 1,88. El desequilibrio, lo que en basket se llama mismatch, se percibió a la legua.

Pese a su larga inactividad (“He entrenado tres veces con mis compañeros”, aclaraba tras el partido), el sueco hizo 9 puntos en 13 minutos con aparente facilidad.

Era frustrante ver a mis compañeros y no poder participar en los partidos. Sobre todo siendo un jugador nuevo. Estaba ansioso por volver a jugar y estoy feliz por haber podido hacerlo”, reconoce a EJDN (ver vídeo abajo).

Taylor había jugado como escolta en la NBA, pero en Europa es una posición de ‘bajitos’. No hay muchos tipos de dos metros que tengan la movilidad y el manejo de balón necesarios para ocuparla. Si el Madrid puede utilizarle ahí con regularidad, además de como ‘tres’, su techo se eleva considerablemente.

“Soy un jugador muy atlético y puedo defender en muchas posiciones. Si me encuentro con un rival más bajo que yo, le puedo llevar al poste bajo. Así que si, pienso que también voy a poder jugar tiempo como escolta, explicó a EJDN.

Casi todos los efectivos madridistas se pueden desenvolver con garantías en al menos dos posiciones del campo. Así, la versatilidad del campeón de Europa puede volver verdaderamente locos a sus rivales.

Jeffery Taylor llegó como guinda a un equipo soberbio –y hay otra en camino, el brasileño del UCAM Murcia Augusto Lima–, uno que firmó la mejor temporada de la historia del baloncesto español. Pero sus intenciones no son las de acompañar, sino impactar. El sueco, de 26 años, no explotó en la NBA primero por una rotura del tendón de Aquiles –una de las peores lesiones que puede sufrir un jugador de baloncesto– y luego por un reprobable incidente de violencia doméstica por el que fue sancionado con 24 partidos. Su carrera necesita redención y la puede conseguir en el Real Madrid.

“Puedo ayudar al equipo de muchas maneras. Y cuanto más tiempo pase, mejor lo haré”.