Jarrius Robertson es un niño de catorce años que pelea con una enfermedad de hígado que ya le ha hecho pasar por múltiples operaciones. Una de ellas cuando tenía tan solo un año, un transplante de ese órgano que tuvo complicaciones y le dejó en coma cerca de un año. Un ejemplo de superación que además se ha convertido en todo un referente de los medios norteamericanos por su actitud y su particular personalidad. En estos momentos continúa esperando por un nuevo transplante de hígado.

Su aparición en el partido de los famosos del All Star Weekend de Nueva Orleans llegó en el último cuarto, tan solo tocó una vez la pelota, lo suficiente para demostrar que sabe botar y sabe tirar. Anotó a la primera, no hizo falta intentarlo más. Todo el pabellón puesto en pie para ovacionar a este pequeño que supone un ejemplo para todos.