Como dos novios que dejan una relación duradera y mantienen la duda de si fue o no un error. Así podría definirse la relación actual entre Dwyane Wade y Miami Heat. Parece que siempre existirá una segunda oportunidad. Si bien es cierto que se ha comprometido a jugar de nuevo junto a su amigo LeBron James, volver a pisar el American Airlines Arena como jugador local fue una idea que pasó realmente por su cabeza. Incluso se celebró una reunión con los mandatarios de la franquicia para discutir las condiciones de un contrato que ilusionaba más por lo sentimental que por lo práctico. La pregunta está en el aire, ¿realmente necesitan estos Heat la figura de este Dwyane Wade en el vestuario?

A juzgar por las palabras de Erik Spoelstra parece que sí, o al menos el técnico de Miami asume el rol de la novia celosa que mantiene la chispa y la fe en su anterior amor. Le resulta duro verle con otra pareja: “cada vez que veo a Dwyane con otra camiseta me siento incómodo, no le quedan bien”. La actual plantilla apuesta por jóvenes jugadores, un proyecto a futuro con dos realidades de presente: Goran Dragic y Hassan Whiteside. Puede que no sea la última ocasión en que el esloveno y el gigantón hayan jugado junto a ‘Flash’.

Para Wade la puerta está entreabierta siempre en Byscaine Boulevard. A sus 35 años mantiene la esperanza de regresar, pero la gran duda es si lo hará para jugar o en el formato que últimamente se ha ido poniendo de moda y que ejerció hace pocos meses Paul Pierce con sus Celtics, un contrato de un día que permite decir que se retiró con esa camiseta.

Dwyane Wade está para algo más, pero no para mucho más. Si bien Pierce se dedicó a mover la toalla y acomodarse en el banquillo de los Clippers mientras sus compañeros disputaban el partido, ‘Flash’ viene de ser un hombre importante en unos Chicago Bulls de medio pelo. Su adiós podría tener algo más de presencia en pista, pero al mismo tiempo podría suponer una frenada al plan de progresión que Pat Riley y el propio Spoelstra tienen con la actual plantilla.

Las interpretaciones están abiertas a cada aficionado, y el amor que muchos sienten por Wade sí que influye. Su posible llegada para retirarse tendría más carga emocional que de rendimiento, y eso lo sabe muy bien el presidente de operaciones un Pat Riley que no se pilla los dedos. Pasó la patata caliente al propietario Micky Arison, no sería él quien firmara ese regreso, no cargaría con la responsabilidad y la posible vergüenza.

Acorralado por los periodistas locales y con la presión que siempre existe al medir las palabras para referirse a Wade. Así quiso ceder con un gesto que le hiciera quedar bien ante la afición y los medios. Dejó una frase que define perfectamente la situación, de momento bloqueada, del anhelado retorno: “Siempre habrá una llave bajo el felpudo, sólo espero que no llegue a oxidarse demasiado”. Genio y figura.