Juancho Hernangómez

Después de sesenta años en la máxima categoría del baloncesto español el Estudiantes puede descender esta noche. Y aunque finalmente no pase esta noche, las posibilidades de eludir tan funesto destino en las dos jornadas restantes de la ACB se antojan escasas.

El Estu malogró una de sus últimas balas al perder el martes en casa por 15 puntos ante un UCAM Murcia netamente superior. El club levantino fue precisamente el verdugo del madrileño en el único descenso de su historia: el de la temporada 2011/12. Entonces, como el CB Canarias no pudo afrontar el canon que exige la ACB para subir, el drama quedó solo en advertencia. La situación actual es muy diferente.

En septiembre la ACB llegó a un acuerdo con el Ourense para que el equipo gallego juegue en su liga la próxima campaña. Además, el Palencia ya ha conseguido el ascenso deportivo y queda otro en el aire por el que luchan Burgos, Coruña, Melilla y Huesca. En condiciones normales ninguno de ellos podría franquear el abismo que separa ambas competiciones, pero ahora las cosas pueden cambiar.

La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia ya ha fallado en contra del canon exigido por la ACB (casi cuatro millones de euros). En su última asamblea general la ACB optó por ir contra ese dictamen y mantener su cuota de acceso. Pero no pinta bien para la liga. Si el canon se elimina, lo lógico sería que al menos los dos últimos de esta temporada desciendan. Esta vez sí. Y el Estudiantes aspira con fuerza a ser uno de esos damnificados.

La campaña en Serrano 127 arrancó con una dosis extra de ilusión. Muchos jóvenes en la plantilla con roles importantes y en la banda un técnico con mano para los jugadores de formación: Diego Ocampo. Al Estu le costó competir en las primeras jornadas, algo que podía considerarse lógico al trabajar con gente poco experta. Pero la mala racha se prolongaba sin fin. El impulso que da su fiel afición en los partidos de casa, una de sus tradicionales fortalezas, no consiguió sacarles del bloqueo. Tampoco los fichajes –seis desde la primera jornada: Kendall, Laprovittola, Mitchell, Pumprla, Rey y Simpson– ni un cambio de entrenador.

Puntuales arrebatos parecieron insinuar que el Estu volvía de entre los muertos para salvarse a tiempo, como tantas veces en los últimos años. Pero lo que adelantaba con victorias brillantes ante Valencia, Unicaja y Bilbao lo perdía a la semana siguiente tropezando contra los de ‘su liga’. 

El Estu es un equipo con la mandíbula de cristal que realmente nunca ha llegado a creer en sí mismo.

“Nos jugábamos la permanencia y hemos perdido casi por veinte. No es lógico”, se lamentaba Nacho Martín tras la durísima derrota ante el UCAM Murcia. “Jugando así no le ganamos a nadie”. El ala-pívot forzó para disputar ese partido tras salírsele un hombro hace veinte días. No se formó en el Ramiro pero siente la camiseta que lleva como el que más.

“Estamos en el ataúd pero hay una oportunidad y tenemos que aprovecharla”, asegura Juancho Hernangómez, una de las pocas notas alegres de la temporada.

Este domingo, cuando en Berlín se esté decidiendo el campeón de Europa, el Estu recibirá al Barcelona. El domingo 22 visitará al Gipuzkoa Basket en el que puede ser su último partido en la ACB por un tiempo. Necesita ganar los dos encuentros y que Obradoiro y/o Manresa pierdan todos los que les quedan. Un milagro, vamos.

El grito “¡Directiva dimisión!” es un clásico en el Palacio. El 3 de febrero, en la presentación de Sergio Valdeolmillos como entrenador colegial, el presidente del club Fernando Galindo garantizó que cuando acabe la temporada todos los puestos directivos pondrían sus cargos a disposición de la masa social. Pero puede que la transformación no se reduzca a eso.

El Estu salió de un concurso de acreedores en 2011, y, aunque en estos últimos años siempre ha encontrado buenos compañeros de viaje –el último, Movistar–, queda la duda de si podría –y durante cuánto tiempo– mantener su modelo de club en una liga LEB que es solo una sombra de lo que una vez fue. Veremos.