Fue en Granada cuando hice esta foto. Durante el Mundial del año 2014. Revisando el material que había generado aquel día me detuve en esta instantánea, ¡me pareció tan icónica! Era la primera vez en la que José Manuel Calderón perdía protagonismo en la pista con la Selección. Por entonces también había perdido su sonrisa habitual. La evolución natural de Ricky Rubio y la recuperación de la magia de Sergio Rodríguez le restaban minutos en el parqué. Se convirtió casi en un especialista, su tiro exterior seguía siendo una garantía para momentos complicados. Algún día se lo preguntaré cara a cara, pero creo que fue entonces, en el instante en el que capturé esta foto, cuando se dio cuenta de que su adiós a la Selección empezaba a vislumbrarse en el horizonte, no con carácter inmediato, pero sí creo que hasta aquel día ‘Calde’ no lo había pensado con tanta carga de realidad.

Esa pérdida de minutos llegaba demasiado cercana en el tiempo con sus primeros cambios en la NBA. Después de ocho años en Toronto, donde fue líder de un equipo consolidado en la Conferencia Este, vivió en sus carnes la crudeza de una liga tan profesionalizada e impersonal como la norteamericana. Fue traspasado, sin avisar. Eso de lo que tanto había oído hablar, esos intercambios de mercancía entre franquicias. Aquél día tuvo que hacer la maleta para seguir hasta abril en Detroit. Después, un nuevo contrato con Dallas Mavericks en un ambicioso proyecto que no fue tan bien como se podía esperar. Los Knicks le esperaban mientras él disputaba el Mundial con España. Muchos cambios, inestabilidad donde jamás la había habido, hasta aquel momento había vivido una trayectoria que había sido de todo menos turbulenta.

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La actitud y la reacción ante esa falta de continuidad fue siempre como es él. ‘Calde’ es optimista y valiente, haciendo frente a los cambios con esa sonrisa que le ha acompañado durante toda su carrera, la misma que se contagia y que nos hizo reír (y llorar) en Japón, Pekín y Londres, entre otros muchos lugares. La medalla, fuera del metal que fuese, lucía más con esa mueca tan característica del extremeño.

Nunca fue el mejor de aquella generación. Raúl López y Juan Carlos Navarro se llevaban todos los focos en la época de los juniors de oro. Pau Gasol ‘ejerció el monopolio mediático’ después, y no parece que vaya a soltarlo en un tiempo. De esta manera, siendo un jugador genial, Calderón supo encontrar su espacio, su rol, su protagonismo. Se convirtió en un grandísimo jugador que conjugaba a la perfección su talento en la cancha con el de sus compañeros. El cariño, las bromas, el apoyo, saber escuchar, acompañar… son muchas las habilidades de este jugador cuando deja de botar la pelota por el parqué. Eso es lo que le ha convertido en mucho más que un gran jugador. Quizás sea demasiado decir que era el padre de todos, sería injusto porque no le corresponde por edad, pero sí que podemos decir que era el mejor amigo de todos, aquel que nadie quería dejar de ver en una concentración.

Se notó cuando tuvo que ausentarse durante el Eurobasket de 2009, la exigencia de su temporada en la NBA con los Raptors le obligaban a descansar en verano, así lo manifestaba a los medios, remarcando que era una negativa temporal: “ha sido una decisión muy difícil para mi, necesito descansar y recuperarme bien de las lesiones de esta temporada”. Seguramente, si hubiera sabido que otra lesión le dejaría fuera del Mundial de Turquía en 2010, se lo hubiera pensado dos veces. Raúl López cubrió su puesto por entonces. Una lesión en el último partido de preparación ante Estados Unidos le diagnosticaba una recuperación de un mes. Desde aquel campeonato, únicamente se ausentó del EuroBasket 2015 en la que España ganó la medalla de Oro.

De esta manera, la presencia en Río 2016 se convertía en una cita ineludible, y ya por entonces comenzaba a considerarlo como una posible despedida, un marco ideal en el que dar un adiós definitivo. La presencia con mayor protagonismo de Ricky Rubio y Sergio Rodríguez en la Selección, así como el deseo de dilatar su trayectoria en la NBA algunos años más, todo ello obliga a tomar decisiones, aunque duelan. No es sencillo decir adiós al equipo nacional, la familia de cada verano.

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Este paso de José Manuel Calderón tiene cierto sentido de pionero, porque el extremeño es el primero en dejarlo de todos los que componen la generación más laureada de nuestro baloncesto. Tal y como el propio Pau Gasol decía en el vídeo de homenaje que le brindaron sus compañeros, “eres el primero de nosotros que da este paso”. No es fácil dejar a tu grupo de amigos, tampoco dejar de vestir la camiseta con la que más alegrías te has llevado en tu trayectoria deportiva. Lo hace con estilo, porque algo tan controvertido como que no juegue ningún minuto en un partido, logró ser dado la vuelta y convertirlo en un valor positivo. En su nuevo rol dio un verdadero ejemplo de lo que supone ser un compañero.

José Calderón ha conseguido demostrar que se puede llevar a cabo una transición con normalidad, sin caer en la polémica, priorizando el beneficio colectivo sobre el individual. No podía ser de otra manera, tal y como lo lleva haciendo durante los más de veinte años vistiendo la camiseta de España en sus diferentes categorías.

En sus inicios como internacional coincidió con un grupo de jugadores que, menos talentosos que lo que estaba por llegar, reflejaban a la perfección lo que siempre ha significado la España de baloncesto. Un grupo de amigos, unidos, sin egos, con un objetivo común y con tradiciones. Ese espíritu se ha mantenido hasta nuestros días, parece increíble pero… ¡no se ha perdido! Y gran parte de culpa la tiene ‘Calde’. Lo que en los noventa y principios de siglo hacían Alfonso Reyes, Nacho Rodríguez, José Antonio Paraíso, Alberto Herreros… se sigue haciendo hoy en día. ¿O pensaban que la pocha la habían inventado los juniors de oro?

La Selección Española se queda sin esa sonrisa contagiosa. Después de 193 ‘páginas’, el libro de José Manuel Calderón dejará de escribir en tinta roja. Como él mismo dijo, las ocho medallas conseguidas quedan en el recuerdo pero no resumen lo que realmente este equipo le aportó, ni lo que él sumó a este grupo: “una familia que nos ha dado mucho a mi y a los míos, y que va a estar ahí para siempre”. ¡Gracias Calde!

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