Imaginen que están en Atlanta y deciden caminar por los aledaños del Philips Arena, se encuentran con la estatua que homenajea a una leyenda como Dominique Wilkins y se quedan mirándola. Sin esperarlo aparece él, el de verdad, en carne y hueso, ante su estatua, para sorprenderte rodeado de cámaras de televisión… pues ese era el plan, pero todo salió mal.

La clave, elegir erróneamente a los sorprendidos, porque antes debes asegurarte que al menos sepan algo de baloncesto. Este matrimonio francés se quedó contemplando la estatua, pero cuando Dominique Wilkins se dirigió a ellos, no tenían ni idea de quién era aquel hombre. Pudo ser muy bonito, pero se quedó en nada. ¡Cosas del espectáculo!