Ricky

El pasado domingo Ricky Rubio volvió a jugar un partido de baloncesto. Habían pasado siete meses desde el anterior, un insulso encuentro de temporada regular en Toronto.

En ese prolongado período de tiempo muchas cosas han sucedido a su alrededor. Se operó para solucionar de una vez sus problemas en el tobillo izquierdo, renunció al Eurobasket, su franquicia eligió un base en el draft (Tyus Jones) y fichó otro (Andre Miller) en el mercado de agentes libres, se rumoreó que los Wolves estaban intentando traspasarle y, para colmo, sufrió una lesión muscular al poco de incorporarse al trabajo con contactos.

Ricky, que se convirtió en profesional a los 14 años, está más que acostumbrado a la agitación, así que esas cosas no le afectan demasiado. Pero no está de más prestar atención a los signos que indican que, poco a poco, está consumiendo el crédito que tenía cuando llegó hace cuatro años a los Timberwolves prácticamente como salvador de la franquicia.

Con el extraordinario crecimiento de Andrew Wiggins y la incorporación de otro número 1 del draft, Karl-Anthony Towns, él ya no es el centro. Sigue siendo una parte fundamental de los planes del equipo, pero si no pone solución a los problemas que lastran su carrera en la NBA, dentro de poco podemos estar hablando de nuevos rumores de traspaso.

Y los problemas están claros: falta de continuidad por las lesiones y el dichoso tiro. El primero se solucionará simplemente con que tenga un poco más de suerte que hasta ahora. El segundo es más complejo. Y le persigue desde que jugaba en la ACB.

Ricky siempre ha trabajado mucho en su técnica de tiro –la Penya incluso contrató a ‘Matraco’ Margall para que le ayudara–, pero, por las cuestiones que sean, no obtiene resultados.

El pasado mes de marzo tuve la ocasión de presenciar un New York Knicks – Minnesota Timberwolves en el Madison Square Garden. Antes de comenzar el encuentro –que Ricky no jugó por molestias en el tobillo– hablé con Mike Penberthy, el entrenador que los Wolves ficharon específicamente para mejorar su tiro.

Penberthy, ex jugador de los Lakers, entre muchos otros equipos profesionales, es una especie de ‘doctor del tiro’. Un tipo que prácticamente con observar lanzar a un jugador una vez ya sabe lo que hace mal. Verle dirigir el calentamiento previo al partido fue una experiencia. No se quedaba debajo del aro pasando balones a los jugadores, era él mismo el que lanzaba a canasta. Pero tiros circenses, auténticas virguerías que luego pedía repetir a sus pupilos. En este vídeo que grabé hay una muestra.

Esas frivolidades tenían un sentido. Si el jugador estaba concentrado en pasarse el balón entre las piernas y por la espalda sin perder el control, dejaría de estar preocupado por el tiro y este se ejecutaría de una manera más natural.

Al poco de incorporarse a los Wolves, un compañero de la prensa de Minnesota le preguntó a Penberthy por los problemas principales que tenía el base de El Masnou. Cuando lees todo el rato que eres un mal tirador, te lo empiezas a creer. No importa cómo de fuerte seas; terminas dudando de ti mismo. Es un problema psicológico que se acaba trasladando a tu lenguaje corporal, a tu cuerpo, a tu mecánica”, respondió.

Aquel jueves 19 de marzo, varios meses después de esa declaración, le pregunté a Penberthy si el problema seguía siendo psicológico. “No. No es psicológico ni técnico. Es físico”, me contestó.“Ricky ha estado jugando sobre una pierna. No creo que el tiro sea su problema. Es la salud, la fatiga, las molestias. Lo que necesita de verdad es estar sano. Descansar un verano entero y volver al 100%”.

Le insistí un poco más en las cuestiones técnicas del lanzamiento. “Tú le ves tirar en los entrenamientos y todo es perfecto. Mete 85 triples de 100 intentos. Hemos trabajado mucho juntos. Él está tirando mucho mejor y su mente está perfecta. La salud, la salud es el problema”.

En los 22 partidos que disputó en la temporada 2014-15 Ricky registró un 25% en tiros de tres y un 38% en tiros de dos, cifras dramáticas para un jugador de élite.

En la actualidad Penberthy ya no es el entrenador de tiro de los Timberwolves, más por decisión suya que de la franquicia, pero sigue haciendo trabajo individualizado con Ricky cuando la agenda de ambos lo permite. El base ha cumplido una de los requisitos mencionados, descansar en verano, pero con las complicaciones de la operación de tobillo y el nuevo problema muscular, va a llegar al inicio de la campaña (próximo martes 27 de octubre) sin estar al 100%.

En el amistoso que jugó este pasado domingo falló los cuatro tiros que intentó. Eso sí, los lanzó sin dudar, con confianza. Condición imprescindible para salir del túnel.

Un gráfico esclarecedor

En contra de lo que piensa la gente, lo que lastra el porcentaje en tiros de campo de Ricky Rubio en la NBA no son tanto los triples como las bandejas y lanzamientos cercanos al aro.

Como se demuestra en el siguiente gráfico, sus porcentajes de acierto en tiros de media y larga distancia están por debajo de la media de la NBA, pero no muy por debajo. En cambio, su porcentaje en tiros a menos de 5 pies (un metro y medio) del aro se desploma; está en torno al 30%, casi la mitad de la media de la liga.

La línea roja corresponde a los porcentajes de Ricky según la distancia (en pies; 1 pie son 30 centímetros aproximadamente) desde la que tira. Cuanto más a la derecha, más lejos. La línea azul, a los porcentajes medios de la NBA. La línea gris, a los porcentajes medios de los bases y escoltas.

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Así, en una NBA que potencia cada vez más las bandejas y los triples, Ricky se encuentra entre dos paredes que se van acercando a él poco a poco, amenazando con aplastarle.

Su falta de efectividad cerca de la canasta se explica por sus problemas físicos. Ricky no destaca por poseer una gran capacidad atlética. No la tenía en España y no la tiene tampoco después de haberse roto el ligamento cruzado de la rodilla. Si encima juega mermado, dolorido o con miedo a lesionarse, cuando va al aro es mucho más fácil de taponar o intimidar.

Si nos vamos a la campaña 2013-14, en la que Ricky se mantuvo sano y pudo disputar los 82 partidos de la temporada, esos porcentajes cerca de canasta son bastante mejores (en cambio los del tiro de media distancia son mucho peores; se supone que la mejora en ese aspecto llegó después), pero seguía estando por debajo de la media de la liga.

 

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Ricky dice sentirse más cómodo lanzando a canasta ahora. Sobre todo en los tiros saliendo de bloqueo, fundamentales para un base. Hace unas semanas afirmaba haber llegado a anotar 89 triples de 100 intentos en un entrenamiento, “mi récord personal”. “Mejoré mucho el año pasado con Mike Penberthy. Llegó un momento en que no importaban tanto las repeticiones que hacía como la calidad de las mismas. El trabajo que hice fue muy bueno, pero no lo pude demostrar en la cancha porque estaba lesionado”, ha explicado.

Sano al fin, ha llegado el momento de probarlo.

Esta temporada Ricky no sentirá la amenaza de Zach LaVine, al que los Wolves han decidido hacer jugar de escolta para ver cómo encaja. Es un buen capotazo, pues su posición de base titular parece garantizada. De momento. Porque si no hay síntomas de mejora, alguien tomará decisiones. Y en el banquillo no está Flip Saunders –se ha agravado el cáncer que padece–, el hombre que le ofreció a Ricky su actual y lucrativo contrato, sino Sam Mitchell.

Aunque parezca que lleva jugando toda la vida (en realidad, así es), Ricky Rubio tiene solo 25 años. Su carrera puede dar muchos giros todavía, pero la oportunidad para despegar definitivamente y hacer funcionar el proyecto del equipo que siempre ha confiado en él está aquí y ahora. ¿La aprovechará?