No es necesario que expliquemos en estas líneas la pasión que el presidente saliente de los Estados Unidos siente por el baloncesto. Lo que va a suceder esta próxima semana puede ser algo simbólico o una simple casualidad, pero lo cierto es que su adiós a la Casa Blanca será rodeado de jugadores, concretamente los últimos campeones de la NBA, los Cavaliers de Cleveland.

Así lo publicaba este viernes 4 de noviembre el gobierno norteamericano, después de que el propio Obama aplazara la visita el pasado mes de junio. Él mismo telefoneó al entrenador del equipo, Tyronn Lue, para invitarles a celebrar su éxito con él antes de dejar su despacho: “Debéis estar orgullosos de vosotros mismos, hicisteis un gran trabajo y creo que construisteis una gran unión, firmeza y concentración. Tenéis que sentiros muy bien con lo que hicisteis, muy bueno para un entrenador de primer año”. La victoria de los Cavaliers fue etiquetada como histórica por muchos motivos, por ser el primer título en una gran liga de la ciudad de Cleveland, también por haberlo conseguido después de darle la vuelta a un 3-1 en contra.

Esa conversación de Barack Obama con Tyronn Lue fue quizás una de las noticias del día aquel día de junio. No es algo habitual, pero mucho menos que además se realice públicamente con el altavoz del teléfono y las cámaras grabando. A Lue se le notaba algo nervioso, lógico. Tal y como decía el Twitter oficial de los Cavaliers: “Si Obama te llama, tú contestas”.

En la conversación hubo momentos cómicos, de sobra es sabido el sentido del humor del presidente y dejó claro que está al día de la actualidad en el baloncesto. Obama aconsejó al entrenador entre bromas que cuando acudieran a visitarle, sería bueno que todos llevaran una camisa. Hacía referencia principalmente a JR Smith, uno de los jugadores que mejor lo pasó en la celebración del título y que durante varios días nadie le vio con una camiseta o un polo puesto, siempre a pecho descubierto dejando ver con claridad sus múltiples tatuajes. En la visita de este jueves el protocolo nos privará de tanta tinta.

La presencia de equipos deportivos en Washington es hoy en día algo muy habitual, una docena de conjuntos profesionales y de universidad acuden cada año a brindar sus títulos. Ya es algo tradicional. Barack Obama ha insistido en sus ocho años de mandato que es importante como gobernador agradecer a estos equipos lo que aportan en la sociedad.

El primero que dio este paso para convertirlo en hábito en esta época moderna fue John F. Kennedy, llegaba el turno también de la NBA y se estrenó los entonces campeones, los Boston Celtics de 1963, pioneros en la Casa Blanca. Con aquella visita comenzó esta tradición que ya hoy se extiende también a equipos de NCAA.

Si echamos la vista atrás, los primeros equipos profesionales que visitaron la Casa Blanca fueron los Brooklyn Atlantics y los Washington Nationals de béisbol en agosto de 1865, los recibió Andrew Johnson. El primer equipo de la liga universitaria fue invitado por Gerald Ford en abril de 1976. Desde entonces el encuentro suele llegar aprovechando el desplazamiento del equipo en cuestión para jugar con el equipo local de Washington.

Lo curioso de todo es que pese a lo apretado del calendario hasta que deje su sillón a Donald Trump o Hillary Clinton, Obama parece empeñado en despedirse de su cargo rodeado de deportistas. El pasado miércoles los Cubs ganaban las Series Mundiales de Béisbol y el propio presidente les felicitaba a través de su cuenta oficial de Twitter, añadiendo al final una pregunta muy directa: “¿Quieren venir a la Casa Blanca antes de que me marche?”

Volviendo al baloncesto, llama la atención que dos leyendas como Michael Jordan y Larry Bird nunca hayan pisado la Casa Blanca en una visita de este tipo. El primero de ellos prefirió jugar al golf en Carolina del Sur aprovechando ese ‘día libre’ en lugar de acudir al abrazo de George H. W. Bush en 1991. El caso de Bird tuvo todavía más polémica, los Celtics acudieron a celebrar el título de 1984 el día después, no acudió. Días después confesó a un periodista: “El presidente sabe dónde encontrarme”.