Nadie está a salvo de las cámaras indiscretas, aquellas que lo mismo captan a un espectador dormitando que a un jugador cayéndose de la manera más ridícula. La pasada temporada nos ha dejado los bailes más extraños, aficionados con demasiado afán de protagonismo, jugadas en las que la pista se queda demasiado pequeña y cómo no, el famoso ‘videobomb’.