Esta temporada se está hablando mucho de récords y rachas, tanto en la NBA como en el baloncesto español. Tanto los Golden State Warriors como el Valencia Basket han parado el contador de victorias consecutivas pero eso no impide que sigan soñando con buscarse un lugar destacado en la historia del basket.

Este martes el Valencia Basket perdía por segunda vez contra el Limoges francés en la Eurocup, lo que deja a uno de los mejores equipos de la temporada en una situación delicada de cara al Last 32 de la competición europea. Paradojas del destino que no son nuevas.

Tras 28 partidos ganados de manera consecutiva, la derrota contra el Limoges –que para más inri es la más abultada de los valencianos en Europa- parecía que iba a suponer el inicio de otra racha mucho menos agradable para los ‘taronja’. Más que nada porque ese mismo fin de semana jugaban contra el FC Barcelona Lassa, que sólo había perdido una vez en liga, en el Palau Sant Jordi. Pero no: hubo prórroga pero el conjunto naranja siguió deslumbrando al personal. Ahora, después de volver a perder contra el mismo equipo en dos semanas consecutivas, la pelota está de nuevo en la cancha de la jornada de Liga Endesa: otro pequeño hueso para el conjunto che, el Bilbao Basket recién clasificado para la Copa del Rey, aunque esta vez jugando en casa.

Habrá que ver qué pasa. Podría ser, y en esto el baloncesto es algo injusto, que al Valencia le pasase como a ese gran CSKA Moscú del 2004-2005 que consiguió adjudicarse 43 victorias consecutivas pero no ganó la Euroliga de ese año porque fue eliminado por el Baskonia en la Final Four. Algo parecido a lo que  le sucedió al Real Madrid del 2014.

Podría ser que ese gran Valencia Basket que ilusiona a La Fonteta cada semana y que hasta protagoniza artículos en el New York Times, al final terminase la temporada sin ningún título. O puede resultar que el Limoges queden como una especie de ‘bestia negra’ para los ‘taronja’ y sigan como un cohete en Liga. La suerte es caprichosa, cosas más raras se han visto.

Acuérdense de ese vecino anónimo de Roquetas al que no sólo le tocó el Gordo estas Navidades sino que también le cayó premio en el sorteo de El Niño, algo que desafía toda probabilidad. Hay rachas curiosas como la del belga Pierre Neuville que el año pasado se convirtió en el jugador de más edad en alcanzar la final de las World Series of Poker (72 años, 15 más que el récord anterior), pero que ya era conocido en el mundillo como el “Serial PokerStars Qualifier” porque ha logrado clasificarse online para el European Poker Tour en nada menos que 23 ocasiones consecutivas. Y es que no siempre se trata de rachas de buena suerte para ganar cosas; está por ejemplo el Valencia –el de fútbol- que es el único equipo de la historia de la Champions League que tiene el “honor” de lograr alcanzar la final dos veces seguidas y perderlas las dos.

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Ganar siempre es muy difícil, pero lo es todavía más en baloncesto. Y más aún si es un equipo como el Valencia Basket, que ni siquiera puede disputar la Euroliga por los motivos que todos conocemos y que además cada vez lo va a tener más difícil. Puede aspirar, como están haciendo los Golden State Warriors con el balance de los Bulls en el 1995/96, a hacer una buena fase regular en Liga (y a no quedarse fuera de la Eurocup). Cruzar los dedos para que las derrotas ante el Limoges queden en una anécdota y, ya puestos, utilizar todos los talismanes que tengan. Récords como las 58 victorias consecutivas de Giacomo Agostini son prácticamente una utopía en cualquier deporte pero en baloncesto: sería un milagro.