Si bien en los pasados Juegos Olímpicos vivíamos el adiós definitivo de Manu Ginobili a la selección albiceleste, a juzgar por lo conversado con él en el Media Day de los Spurs no parece que su retirada como jugador de la NBA vaya a ser inmediato, sencillamente se dará el paso cuando ‘cuando el baloncesto no le haga feliz’.

Con la retirada de Tim Duncan el pasado verano se pensó, y mucho, en que el alero argentino podría ser el siguiente, tenía algo de melancólico e incluso misticismo que dos amigos que han vivido tantas cosas de la mano con la misma camiseta se despidieran en el mismo momento de sus vidas. Por contra, ‘Manudona’ firmó un año más de contrato en San Antonio: “Ese tipo de decisiones condicionan tu futuro, la familia y todo, y no debe depender de lo que decida Tim.  Sencillamente siento que sigo queriendo hacerlo, que puedo ayudar al equipo, que lo disfruto, que estoy sano. Esa era la razón principal de seguir”. Claramente cercano al final de su carrera, a sus 39 años no hay motivos para pensar que este curso 2016/2017 vaya a ser el último para él, al menos si la pelotita naranja le sigue divirtiendo.

Podrá presumir de ser este año uno de los jugadores más viejos de la NBA, pero no por eso está dejando de jugar a un nivel alto. Sus minutos en pista se amortizan en gran medida con buenas decisiones y capacidad de generar buenas acciones ofensivas y defensivas a un sistema de juego que funciona con la precisión de un reloj suizo. En eso un veterano de guerra como Ginobili es una garantía total, ¿a quién le importa su edad?

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El estatus que esta institución tiene no afecta únicamente a lo que brinde vestido de corto. Su opinión sobre asuntos importantes importa, y mucho. Ya que representa a un colectivo importante, el del inmigrante latino en los Estados Unidos. El destino quiso que el Media Day de los Spurs llegara tras una noche de reflexión después de ver el debate presidencial entre Hillary Clinton y Donald Trump, por supuesto que él tenía su propia opinión, y la compartió con mucho gusto: “los primeros veinte minutos fueron suficiente, me frustraron, no era lo que esperaba de un debate por la presidencia”.

Temas políticos al margen y centrándonos en lo deportivo, en ocasiones, a este tipo de jugador con mucho kilometraje se le mide su valor por algo puramente objetivo, sus números estadísticos. No es algo que deba preocupar a Manu Ginobili. Si juzgamos sus posibilidades por su última temporada, nadie puede decir que no esté apto para rendir en este proyecto de Coach Pop. Una media de 9.6 puntos por partido con un 45.3% de acierto en tiros de campo para estar en pista un promedio de 19.6 minutos.

Lo que sí parece claro es que cuando el argentino decida no vestirse más de corto, tendrá las puertas del equipo abiertas con toda seguridad, tal y como se le ha ofrecido también al propio Tim Duncan. A un argentino de pro como él quizás le pueda apetecer decir adiós al basket en su país, una liga como la argentina se revitalizaría con el aterrizaje de Ginobili, aunque fuera una única temporada y a modo de homenaje. ¿Imaginan que pista no se llenaría para verle jugar en vivo por última vez? Difícil apostar por una de esas dos opciones: el adiós o regresar a casa.

Lo que sí hay claro son dos cosas. La primera es que puede que le queden uno, dos o más años en la mejor liga del mundo. La segunda, que su vida deportiva seguirá vinculada a la de Gregg Popovich, esta vez un poco más elegante sentado en el banquillo. El infatigable Ginobili tiene muchas páginas por escribir todavía en esto del baloncesto, mientras sea de corto, sigamos disfrutándolo.

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