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Indudablemente, la gran sorpresa de la temporada en el baloncesto europeo se llama Baskonia. Tras una campaña memorable el equipo vitoriano ha alcanzado con brillantez la Final Four de la Euroliga tras eliminar por la vía rápida al Panathinaikos. Será su primera participación en la fase final desde 2008, cuando vestían su camiseta unos tales Splitter, Prigioni y Mickeal. Un éxito nada previsible tratándose de un conjunto que ha tenido que ir remendándose sobre la marcha por las lesiones de varios jugadores titulares sin que eso alterara su rendimiento ni les llevara a poner excusas. Alguno debería aprender.

El equipo vitoriano ha recuperado el celebérrimo ‘Carácter Baskonia’ en el año menos esperado. A diferencia de sus exitosos proyectos del pasado, asentados en el hábil reclutamiento de grandes talentos que iban creciendo poco a poco dentro del club, el de esta campaña es un ejemplo de unión exprés. La pieza clave de todo el engranaje es Ioannis Bourousis, un descarte del Real Madrid que se ha convertido en el pívot del momento en el continente; una auténtica fortaleza móvil que defiende, rebotea, tira de lejos y pasa como los ángeles.

El griego compensa con su excelente lectura de las defensas rivales la falta de creación de los bases baskonistas, más ‘unos y medios’ a lo NBA que directores puros. Darius Adams y Mike James han sido objeto de ciertas críticas desde que llegaron a Vitoria mediada la pasada campaña. Son jugadores que asumen riesgos y toman decisiones que se salen de la ortodoxia. No son el tipo de organizador al que estamos acostumbrados por estos lares. Pero ganan partidos. Y tienen muchos puntos en las manos: 44 sumaron en el encuentro definitivo frente al Panathinaikos.

En la mejor Euroliga en mucho tiempo nadie pronosticó que el Baskonia llegaría a la Final Four. Ahora nadie se atreve a descartarles.

Lo que mal anda, mal acaba

Y si sorprendente ha sido el rendimiento baskonista, se puede decir lo mismo de la falta de competitividad del Real Madrid durante toda la temporada europea. El vigente campeón de la competición ha sido un quiero y no puedo que cierra su participación con un mediocre balance de 12 victorias y 15 derrotas. Es peor todavía si solo tenemos en cuenta sus duelos frente a los equipos que, parece, disputarán la Final Four: 1-4 contra el Fenerbahçe, 0-2 contra el CSKA, 0-2 contra el Baskonia y 0-2 contra el Barcelona.

La semana pasada constatamos una mejoría en el equipo blanco en el inicio de su eliminatoria contra el Fenerbahçe: más agresividad, mejor defensa… Pero fue un espejismo.

Tras avasallar en el segundo partido, el equipo turco completó su correctivo en Madrid (63-75) frente a un rival irreconocible y lleno de dudas. “Cada tiro fallado nuestro o cada tiro anotado suyo parecía una losa”, ha explicado Pablo Laso. Para reflexionar. Como su falta de frescura física (“No hemos llegado en el mejor momento”, reconoció el preparador vasco) contando con una plantilla de quince jugadores.

El Real Madrid corta así una racha increíble de tres finales de Euroliga consecutivas y cuatro participaciones en las últimas cinco Final Fours. Visto así, sigue siendo una extraordinaria cuenta de resultados y se entiende mejor que no es posible ganar siempre. Pero esto, lo de ver las cosas con perspectiva, no es lo más habitual en la casa blanca.

En una temporada horrible en el que casi ninguna apuesta ha funcionado, al Madrid ya solo le queda la Liga ACB. Si no la consigue, el verano se les volverá a hacer muy largo.