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Lo que empezó como el único método posible para frenar a Shaquille O’Neal, luego una táctica para minimizar el impacto de Dwight Howard, es ahora una moneda de uso cada vez más común en la NBA. Hablo, evidentemente, del conocido hack-a, la estrategia que consiste en cometer faltas de manera compulsiva sobre un jugador rival que acredite un bajo porcentaje de tiros libres; bien para reducir una desventaja, cortar el ritmo del contrincante o simplemente para quitarse un buen jugador de en medio.

Días antes de arrancar la campaña, el comisionado Adam Silver abordó el tema en una entrevista de radio. Silver dejó claro que la postura actual de la NBA es no regular de manera específica este tipo de situaciones. Y no por conservadurismo. Tiene sus motivos. “He recibido cientos de mensajes de entrenadores de todo el mundo que me piden que por favor no castiguemos de manera especial [el hack-a] porque le estaríamos mandando el mensaje equivocado a los chicos que empiezan a aprender este deporte. Un jugador de baloncesto tiene que ser capaz de meter los tiros libres, explicó. Además, Silver indicó que es un fenómeno que se daba exclusivamente en dos jugadores, Dwight Howard y DeAndre Jordan, y que la NBA no debe hacer reglas específicas por y para un jugador.

El problema es que ahora ya no son dos.

Esta temporada, a Howard y Jordan se les han unido Andre Drummond y Hassan Whitesidecomo víctimas múltiples del hack-a, más otros menos frecuentes como Ian Mahinmi. El pívot de los Detroit Pistons, en su temporada de explosión, acredita un horripilante 36% (la media de la NBA está en el 75%, más del doble) y ha errado ya 120 tiros libres. En el último cuarto de un encuentro de esta temporada contra los Clippers, Doc Rivers ordenó que se le hiciera personal en cada ataque hasta que consiguió que su colega Van Gundy sentara a Drummond hasta la frontera de 2 minutos para el final. Andre hizo 6 de 14 y los Clippers consiguieron remontar el partido. En su hoja de estadísticas encontramos también un 4 de 18 contra los Rockets y un 6 de 17 contra los Suns.

Hassan Whiteside también ha pasado por ese trance. Empezó con los Wolves, contra los que firmó un 2 de 9. Luego, los Knicks intentaron remontar a la desesperada un partido perdido con elhack-a-Hassan. El pívot terminó con un 5 de 10, pero Miami aseguró la victoria.

El hack-a se va extendiendo como un recurso más de los equipos a utilizar sin rubor si se cree necesario, como nuestra falta táctica. Y lo lógico es que cada vez se emplee más, porque los malos lanzadores de tiros libres se propagan como una plaga. Echa un vistazo a la siguiente tabla. Incluye a todos los jugadores por debajo del 55% en tiros libres que hayan intentado al menos cincuenta en lo que va de temporada NBA.

TLstats

El pasado 1 de diciembre DeAndre Jordan terminó un Clippers-Blazers con 12 de 34 en tiros libres, igualando el récord histórico de tiros libres fallados (22) que el mítico Wilt Chamberlain estableció en 1967. A los Blazers la estrategia les dio absolutamente igual; perdieron por 17 puntos. A los aficionados del Staples Center, seguramente no. El encuentro terminó durando 2 horas y 32 minutos (el último cuarto, 38 minutos), cuando la duración media de un partido NBA sin prórroga es aproximadamente de 2 horas y cuarto.

Alguien tuvo el detalle de recopilar los históricos 22 errores de DeAndre en este vídeo.

La utilidad del hack-a se explica con un cálculo simple. Los equipos de la NBA suelen promediar en torno a 1 punto por posesión (entre 0,9 y 1,1). Por lo tanto, cuando el jugador objeto del hack-aconsigue anotar más del 50% de sus tiros libres (al menos 1 de los 2 de cada tanda), estadísticamente está anulando la estratagema. Si tira por debajo del 50%, la está haciendo rentable para el rival.

Con tantos jugadores, casi todo pívots, en el 50% o por debajo lo normal es que veamos estehack-a más y más. Hasta que consigan un porcentaje mínimamente aceptable o los aficionados y la NBA se harten, lo que ocurra antes.