La pretemporada en la NBA nunca muestra verdades absolutas ni equipos trabajados, sí una ligera pincelada de lo que los entrenadores quieren hacer y hacia dónde se dirige el rumbo de los treinta equipos de la competición. De todos ellos, si hay uno del que todos estamos pendientes, esos son los Warriors. Un equipo campeón, que se quedó a las puertas de renovar título el pasado mes de junio y que con la adquisición de Kevin Durant se sitúan como firmes candidatos a ser campeones, incluso por encima del defensor del título.

Quizás lo más importante ya se ha conseguido en Golden State, que es dejar pasar el tiempo y que se cierre la herida de haber perdido Las Finales en junio. Han sido cuatro meses desde entonces y por el camino tanto jugadores como técnicos y aficionados tienen más neuronas pensando en lo que se viene que no en lo que ya es historia. En esto ha tenido mucho que ver, obviamente, la firma de Kevin Durant en la operación del verano, e incluso de la década. El ex de Oklahoma City Thunder se convirtió en esa medicina que te saca de manera definitiva de la enfermedad.

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El estilo no se toca

Otro de los puntos de optimismo que hacen soñar con una buena temporada de los Warriors es que su baloncesto sigue vivo. Defender, robar y correr. Esa es la consigna y está más que comprobado que funciona, también con Durant. El Oracle Arena sigue disfrutando de los espectáculos pirotécnicos que ofrecen jugadores tan demoledores desde el perímetro como Steph Curry y Klay Thompson, nada ha cambiado al respecto, si acaso se ha potenciado.

La principal asignatura que Steve Kerr deberá aprobar en esta temporada 2016/2017 es la gestión de grupo, en el caso de los Warriors con el núcleo duro muy consolidado, un reparto de roles nuevo no es sencillo de instaurar, porque ahora con una estrella más como Durant, seguirá habiendo un único balón en la pista. Hasta hoy y guiándonos por las declaraciones de los protagonistas, además de lo visto en la pista durante la pretemporada, el grupo está funcionando muy bien, todo son elogios y piropos.

El tapado que vino de Georgia

El factor Zaza Pachulia es una incógnita y debe hacer olvidar al australiano Andrew Bogut, sobre todo en una parcela muy concreta: la defensa. Construirse un espacio desde cero cuando tu predecesor era un jugador muy querido y de máxima confianza para Kerr no será tarea sencilla. Más si cabe cuando hay otra superestrella que te dejará sin balones. El georgiano ha sido utilizado habitualmente como pívot titular pero no jugaba como el poste que representaba Bogut en las últimas campañas, es mucho más dinámico y mejor lector de los espacios. Si algo sacamos en claro es que no va a ser excesivamente utilizado pese a su titularidad, y es que le hemos visto ser sustituido por el polivalente Andre Iguodala. Para cuando el equipo lo necesite puede aportar mucho, esos partidos que se juegan en el barro y piden algo más que talento, ahí destaca y puede sacar petróleo. Es un hombre interior con recursos suficientes para jugar tanto de cara al aro como de espaldas. De momento ha logrado lo más importante: dejar en el banquillo a Javale McGee y Anderson Varejao.

¿Se puede detener a estos Warriors?

Si hay una manera de frenar a estos Warriors, esa es obligándoles a jugar en estático. No garantiza nada, pero al menos evitas que anoten cada pocos segundos con el riesgo de que el partido se vaya a tanteos inalcanzables. Lo hemos podido ver en varios partidos en los que los rivales se concentraban en no conceder puntos al contraataque. Con el juego ofensivo en estático se evidencian más las carencias tácticas del momento en este equipo en construcción. Puedes alargar su ataque hasta más allá de los veinte segundos, pero como se pueden imaginar, esto no te asegura que uno de los tres magníficos tiradores del equipo acabe anotando sobre la bocina.

Durant y Curry, elementos complementos 

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El punto más alto en el ranking de importancia de todo lo visto en esta pretemporada es que los dos últimos jugadores que han levantado el galardón de MVP de la temporada juegan juntos y no revueltos. Kevin Durant necesita tiempo para acostumbrarse al estilo de los Warriors, tan diferente de los Thunder como que aquí no todas las bolas son suyas. Tanto él como Stephen Curry parecen haber acordado tomárselo con calma. Suelen vigilarse en cada ataque, se miran, se tratan de entender… y en ocasiones se equivocan condicionados por la presencia del otro. Probablemente sea cuestión de tiempo hasta que se logre esa comunión de juego.

Los puntos en los que se han entendido a las mil maravillas las dos estrellas principales ha sido en aquellos aspectos del juego en los que Kevin Durant es superior a Steph Curry. Por ejemplo emparejarse con defensores más pequeños y jugarles desde el poste bajo. Le buscan, lo hacen mucho. No sólo porque es un magnífico atacante en esta faceta, sino también porque tiene la capacidad de dar un buen pase de nuevo al perímetro para que se anote de tres. Quizás a Durant le duela menos reducir su anotación si sube la suma de asistencias.

Los especialistas para escenas de peligro

Golden State sigue contando con dos jugadores excelentes y con un rol muy secundario, pero que cuando tienen que aparecer lo hacen y ganan partidos desde el banquillo, o al menos cambian el ritmo del duelo y su sentido. Hablamos de Shaun Livingstone y Andre Iguodala, especialistas en escapar de los focos de la fama y hacer el trabajo sucio cuando los buenos no están inspirados. Ambos son algo así como los especialistas en escenas de peligro. Al igual que los actores de cine no están presentes en los momentos más complejos de un rodaje, Iguodala y Livingstone asumen ese papel cuando la escopeta de Curry, Thompson o Durant no tenga más balas. Steve Kerr es un gran administrador de ese ‘factor banquillo’ que arca diferencias con otros equipos NBA

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