Se juntaron tres elementos. El primero de ellos fue la motivación que Serge Ibaka tenía por medirse por primera vez a su exequipo, en su antiguo pabellón cerró una estadística magnífica sumando 31 puntos y 9 rebotes. El segundo fue su nuevo rol en Orlando, es el jugador referencia y el encargado de jugarse las bolas calientes. El tercero fue su certeza, puso a volar a Adams y anotó sin ángulo la canasta de la victoria (119-117).

Antes del partido recibió además un cariñoso recibimiento por parte del que fue su público hasta hace muy poco.