El destino tiene en ocasiones estas caprichosas coincidencias, mientras el número uno del último Draft, Ben Simmons, pasaba por el quirófano, era el que ocupó su posición hace dos años, Joel Embiid, quien hacía su debut después de salir de su calvario de recuperación. Y lo hizo bien, dejó buenas sensaciones, correspondiendo con las expectativas que había puestas en él, descartando las dudas que los más críticos habían planteado conscientes de que su lesión pudo marcarle en exceso.

Por fin debutó en la NBA, había ganas de verle en acción, el siete pies anotó seis puntos, capturó cuatro rebotes y taponó dos lanzamientos rivales. No jugó mucho, apenas 13 minutos, suficientes para descubrir que hay mucho que esperar de ahora en adelante.

Ganaron los Sixers, algo que también es noticia, parece que en esta campaña se van a mejorar los registros. La juventud por la que se apostó y el talento europeo en las figuras de Dario Saric y Sergio Rodríguez, invitan al optimismo, veremos dónde está el techo de este equipo, lo que sí está claro es que el camino será largo.

“Me sentí bien, era uno de los objetivos, estoy feliz habiendo participado”, eran las palabras de un Joel Embiid sonriente y esperanzado. Esos 13 minutos suponían quitarse de encima una presión importante, la de regresar, el paso está dado, el primero de muchos. Estaba inquieto y así lo reconocía: “Estaba muy nervioso, me costaba respirar, pero una vez que anoté la primera canasta todo fue más despacio, comencé a ver el partido más sencillo”.

Esa tranquilidad necesitó de tres lanzamientos para llegar, tres fallos en su tiro que se convertían en una cuesta arriba sabiendo que el técnico Brown ya avisó que no jugaría más de doce minutos. Si miramos atrás lo entenderemos todo, su último partido fue el primero de marzo de 2014, cuando todavía era jugador de la Universidad de Kansas. En plena lesión no se olvidaron de él en Philadelphia, porque fue el tercer ‘pick’ de aquel año. En los Sixers confiaban en recuperarle y limar aquella piedra preciosa.

Se sacan muchas conclusiones con tan sólo 13 minutos de juego. La primera de ellas es que es un jugador muy grande, y sí, hablamos de su tamaño. Al Horford apunta a pívot este año en estos Celtics y parecía un muñeco cuando le tocó medirse en sus duelos particulares con Embiid. La batalla entre ambos parecía más fruto de un cambio defensivo que de algo natural. Esto le facilita su ataque al aro unido a sus buenos movimientos en la pintura, ya casi no quedan jugadores así. En defensa intimida, intimida mucho, y condiciona muchos tiros de corta y media distancia.

Su altura no le impide correr el contraataque con agilidad. Su labor como trailer en transición puede ser muy provechosa a juzgar por las palabras de Brett Brown. Dicha agilidad y dinamismo, gracias a una buena coordinación de piernas, le permite también sacar ventajas en acciones iniciadas más cerca del aro. Ahí jugará una labor importante Sergio Rodríguez, un hombre que tendrá mucho que decir en la evolución del joven talento, porque es capaz de jugar como nadie situaciones de bloqueo y continuación. Para esto llegó el Chacho a los Sixers, su visión de juego en pista es privilegiada, su creatividad es exquisita.

Probablemente la mejor puesta en escena para un Joel Embiid que es una de las grandes ilusiones de esta temporada en la NBA, el baloncesto puede ganar mucho con la confirmación de un jugador como él. Esos 13 minutos fueron suficientes para no cargar de presión el chico, para comprobar que hay mucha calidad, para que quede un buen sabor de boca y ganas de volverle a ver en acción, será este jueves 6 de octubre.

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