Fue un buen intento, no hay duda. Para reconstruir un equipo como los Knicks hay que correr riesgos y traer a Derrick Rose lo era. A veces esos tiros dan en la diana. Hay casos positivos como Dennis Rodman en los Bulls, Chris Andersen en los Heat más recientemente, incluso la mayoría de los múltiples retornos de Metta World Peace a los Lakers. Dos de estos tres fueron ‘disparados’ además de la mano del propio Phil Jackson, con Rose no parece que vaya a ser así de bonito.

Son ya unas cinco temporadas peleando contra las lesiones, a través de las cuales han ido llegando también problemas fuera de la cancha, juicios, polémicas… Jamás regresó a los Bulls aquel hombre que apuntaba a estrella de la década, el cambio de camiseta tampoco le ha ayudado. Era una buena opción para él pero también para la franquicia neoyorkina, termina contrato en junio y si el experimento no salía bien tan sólo estaban comprometidos 21 millones de dólares por este curso.

Los comienzos no fueron malos en el Madison Square Garden, todos estábamos mentalizados de que nunca volveríamos a ver a aquel jugador que abrazó el MVP. Nunca volverá. Sin embargo esta nueva versión de Rose con el número 25 a la espalda rendía, aportaba talento al proyecto, se convertía en un buen escudero para Carmelo Anthony y Kristaps Porzingis.

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No podrá decir Derrick Rose que no recibió cariño y apoyo por parte de su nuevo equipo. Los Knicks fueron muy correctos y estuvieron junto a él durante el juicio por acusaciones de violación que le sentaron en el banquillo de los acusados a principio de temporada. Esa cercanía no se ha visto correspondida con la ausencia sin permiso que protagonizó en los últimos días. Que hubiera partido ante los Pelicans no pareció ser motivo suficiente para decir ‘esta boca es mía’. Rose decidió no presentarse y acababa con la paciencia de los que mandan en la franquicia. No avisó, no dio señales de vida y no lo justificó. No había excusa y no parece que vaya a ser perdonado, podría haber firmado su adiós.

Con el tiempo ha trascendido que podría haberse tratado de un asunto familiar, nada que ver con lo deportivo: “Era la primera vez en mi vida en que me sentía así emocionalmente y tuve que estar con mi familia”, así trataba de justificarse el base ante los medios de comunicación. La información veraz y con sentido sobre lo sucedido brillaba por su ausencia. Lo que se critica no es que necesite el calor familiar, sino que no comunique a su compañía, los Knicks, qué está pasando. Probablemente hubiera recibido de nuevo el apoyo de la institución, pero de esta manera es imposible.

Durante las cuatro o cinco horas en las que nadie sabía nada de Derrick Rose, el equipo sólo pudo comunicar públicamente un ambiguo ‘no está con el equipo’. El jugador arrastraba a uno de los equipos más mediáticos de la liga a un ridículo institucional. La polémica corrió como la pólvora. Sólo alguien tan cercano como Joakim Noah pudo contactarle, lo intentó por todos los medios, hasta que logró algo de información y pudo decirle a Jeff Hornacek que estaba bien pese a la ausencia.

Una nueva pesadilla para la gestión de Phil Jackson en la Gran Manzana, pocas cosas le han salido bien desde que llegó para relanzar el proyecto deportivo de los Knicks. Esta quizás duela especialmente. El matrimonio entre equipo y jugador está en trámites de divorcio y tiene fecha de ejecución, el mes de abril. No parece que vaya a haber una luna de miel en forma de postemporada.