Ni una sola pregunta quiso contestar Russell Westbrook sobre Kevin Durant después de imponerse en Los Ángeles a los Clippers en la noche de este miércoles. Este jueves volverán a encontrarse en una pista de baloncesto, pero por primera vez será en equipos diferentes. El morbo está servido y las emociones llevan florecidas desde que el pasado 7 de julio la franquicia de los Golden State Warriors anunciara que ‘robaba’ a la estrella de Oklahoma City.

Dos estrellas de la NBA que convivían sin problemas en un equipo candidato a todo, que habían aprendido a repartirse la responsabilidad de llevar a lo más alto a un equipo hecho a base de buenas elecciones de Draft. “Cuando te eliminan tratas de motivarte para echarles tú al año siguiente, no te unes al enemigo”, son de las pocas declaraciones que los periodistas norteamericanos han logrado arrancar de la boca de Westbrook del que hasta hace pocos meses era su hermano en la pista. Hay dolor, y resentimiento, nadie lo duda.

Mientras tanto, desde el otro lado apreciamos todo lo contrario: “Soy un fan de Russell, me encanta verle jugar”. Obviamente Kevin Durant es el que ‘ha puesto los cuernos’ en la relación, el infiel, por lo que sus palabras siempre serán más amables. Es, hasta el momento, el gran vencedor de toda esta historia.

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Y decimos bien con ese ‘hasta el momento’, porque si nos fijamos en la marcha de ambos conjuntos hasta el día de hoy observamos como el proyecto de Oklahoma City ha comenzado con mayor solidez pese a tratarse de una reconstrucción en toda regla. Pleno de triunfos en sus cuatro partidos disputados hasta el momento, con Westbrook arrasando y asumiendo la carga del equipo, respondiendo con una facilidad anotadora que no deja de sorprender. En estos cuatro encuentros ha sumado 32, 51, 33 y 35 puntos para un promedio de 37.75 tantos por noche, el más alto de sus ocho temporadas anteriores en la NBA compartiendo protagonismo con Durant.

En los Warriors el curso avanza con buenos números pero algunas dudas. Caer en tu debut en la liga en tu pabellón, ante un rival directo como los Spurs, y hacerlo por 29 puntos de diferencia, es algo más que un tropiezo. Nadie duda de que Steve Kerr acabará integrando a la perfección a Durant en ese equipo de ensueño, pero también es cierto que han perdido características muy importantes, sobre todo en defensa, que con jugadores titulares menos importantes sí tenían.

Los caminos colectivos de ambos equipos no han cambiado tanto respecto a hace un año. Pero sin embargo la postura de Westbrook y Durant ante los medios es muy atractiva para ser analizada. Mientras que el base de los Thunder insiste en no hablar, ese silencio no hace más que alimentar la polémica. Hablar claro podría ayudar, pero quizás lo que tenga que decir no sea demasiado positivo como para lanzarlo unos días antes del reencuentro.

Por parte del de los Warriors, todo son elogios hacia su excompañero y amigo, también hacia la franquicia en la que aterrizó en el año 2007. Kevin Durant reitera que no quiere comenzar aquí una rivalidad: “El tema es que no me fui por odio. Russ es un gran jugador de baloncesto. Me encanta verle jugar. Soy fan de su juego. No le deseo mal a nadie. Siempre le he apoyado y seguiré haciéndolo”.

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La relación entre ambos se ha enfriado notablemente, de los que antes se consideraban ‘hermanos’ queda más bien poco. Probablemente podrían haber manejado la situación mejor. Kevin Durant admitió esta semana que se hacía cargo de su parte de culpa, al comunicar a Westbrook la noticia vía mensaje de texto. No han hablado desde entonces y su primer reencuentro será este jueves en la pista del Oracle Arena. Hay quien atribuye la responsabilidad de esta falta de comunicación a un dolido Westbrook, y Durant ya ha manifestado públicamente que tratará de hablar con él aprovechando su encuentro, pero lejos de la prensa, cara a cara.

Aparecen ahora también las teorías de que ambos jugadores no estaban tan unidos sentimentalmente como los medios se han empeñado en hacernos ver. La pista los unía para lograr una dupla terrorífica pero cuando sonaba la bocina cada uno hacía su vida. Russell Westbrook vivía un camino más estable, con su pareja, sus padres… tenía muy claro cuál era su sitio en el mundo y por dónde quería ir. Kevin Durant, por contra, lo estaba buscando. Sin la estabilidad familiar deseada, criado por una madre que se desvivió por sacarle adelante tras una dura infancia. Realidades tan diferentes que otorgan mucha credibilidad a esta teoría del distanciamiento previo a la gran decisión.

“Elegí marcharme y eso no tiene nada que ver con Russell o cómo éramos en la pista”, Kevin Durant sigue pensando en su amigo como alguien a quien invitaría a su boda o a su más que probable graduación en el Hall of Fame del baloncesto “incluso si no lo aceptara”. Para él sus recuerdos con los Thunder nunca van a desaparecer y sigue hablando con orgullo de sus años en aquella ciudad, aquel estado y aquella franquicia.

Queda descubrir qué reacción tendrá la otra parte, podemos vivir un abrazo de hermandad o contemplar la mayor ignorancia y desprecio que se ha vivido en una pista de baloncesto en mucho tiempo. Con el de los Warriors claramente volcado por arreglar las cosas y los aficionados de Oklahoma divididos entre el amor y el odio, Russell Westbrook se convertirá en algo así como un portavoz de la ciudad, de su actitud interpretaremos si Oklahoma ama u odia a Durant tras su marcha.