El Concurso de Mates no decepcionó este año gracias a la gran actuación del base suplente de Minnesota Timberwolves, Zach Lavine, y al espectáculo y diversión que trató de transmitir Víctor Oladipo. En las presentaciones cada uno de los jugadores salía por el iluminado túnel de vestuarios y el de Orlando Magic hizo reír a los aficionados con una versión propia del ‘New York, New York’ de Frank Sinatra. Después agradó mucho con su primer mate y rápidamente quedaba claro que tanto Mason Plumlee como Gioannis Antetokounmpo quedarían eliminados a las primeras de cambio. El griego además no consiguió convertir su primer mate y pese a que su entrada triunfal al pabellón fue rodeado de diosas griegas y la bandera de Grecia de poco le sirvió se quedó con las ganas, muy buenas ideas pero malas ejecuciones.

Brilló sobre los demás el que sería ganador a la postre, Zach Lavine, quien apareció en el parqué del Barclays Center con la música de la película Space Jam y portaba la misma camiseta que Michael Jordan llevó en el largometraje. El primer mate fue espectacular, hundiéndola a aro pasado previo paso entre las piernas. En el segundo era innecesario lucirse porque ya estaba clasificado matemáticamente pero quiso agradar y reprodujo una maravilla dejando el balón en bote y recuperándolo por la espalda para matarlo después.

Su primer mate de la final fue ayudado por su compañero de equipo Andrew Higgins, le dejó la pelota para recogerla de su mano bajo el aro y la pasó entre las piernas antes de hundirla con mucha facilidad. La última maravilla de Lavine fue recogiendo el balón de la estructura trasera de la canasta y repetir la maniobra de pasarla por su espalda. Su capacidad de salto y la creatividad a la hora de inventar nuevos movimientos fueron fundamentales para que fuera merecedor del galardón, que sus rivales no estuvieran a la altura provocó que la emoción no existiera en el pabellón.